Edición nº 131: Siempre saben lo que es mejor para cada uno

Evite el reumatismo.

El cienpiés decidió preguntar al sabio del bosque, un mono, cuál era el mejor remedio para el dolor de sus piernas.
“Esto es reumatismo”, dijo el mono, “Tienes demasiadas piernas. Necesitarí­as ser así­ como yo; con solo dos. Así­ raramente el reumatismo aparece”.
“¿Y cómo hago para tener solo dos piernas?”
“No me molestes con detalles”, respondió el mono.”Un sabio solamente da el mejor consejo, tú eres quien resolverá el problema”.

Puedo ayudar?

En cuanto abrió la iglesia, el padre vio entrar a una mujer que se sentó en el banco de enfrente y colocó la cabeza entre las manos. Dos horas después, notó que la mujer todaví­a estaba allí­, en la misma posición.
Preocupado, decidió aproximarse:
“¿Puedo hacer algo para ayudarla?”, preguntó.
“No, gracias”, respondió ella. “Yo ya estaba consiguiendo toda la ayuda que necesito, cuando Vd. Me interrumpió”.
El jesuita Anthony Mello comenta: “En un monasterio no está escrito No hable. Está escrito: Hable sólo si puede mejorar el silencio.

Yo sé lo que es cierto.

Un campesino volví­a hacia su casa, cuando vio a un burro en el campo.
“No soy sólo un burro”, dijo el animal. “Yo vi nacer al Mesí­as. Vivo desde hace dos mil años, y estoy vivo para dar este testimonio.
Asustado, el campesino corrió hacia la iglesia y le contó al párroco. “Imposible”, dijo él. El campesino lo tomó por las manos y lo llevó hasta donde estaba el burro. El animal repitió todo lo que habí­a dicho.
“Repito: los animales no hablan” dijo el padre.
“Pero Vd. Lo oyó!” – insistió el campesino.
“¡Cómo eres de tonto! Prefieres creer en un burro que en un padre!”

Eso va a funcionar también con nosotros

Una fábula del escritor libanés Mikail Naaimé puede ilustrar bien el peligro de seguir los métodos de los otros, por más nobles que parezcan ser:
“Necesitamos liberarnos de la esclavitud en la que el hombre nos mantiene”, dijo un buey a sus compañeros. “Durante años hemos escuchado a los seres humanos diciendo que la puerta de la libertad está manchada con la sangre de los mártires. Vamos a descubrirla y entraremos allí­ con la fuerza de nuestros cuernos”.
Caminaron durante dí­as y noches por la carretera hasta que vieron una puerta toda manchada de sangre.
“Esta de aquí­ es la puerta de la libertad” dijeron. Sabemos que nuestros hermanos fueron sacrificados aquí­.
Uno a uno, los bueyes fueron entrando. Y solamente allí­ adentro, cuando ya era demasiado tarde, fue que se dieron cuenta: era la puerta del matadero.

Decidiendo el destino ajeno

Malba Tahan cuenta la historia de un hombre que encontró a un ángel en el desierto, y le dio agua. “Soy el ángel de la muerte y he venido buscarle”, dijo el ángel.
“Pero como ha sido bueno, voy a prestarle el Libro Del Destino cinco minutos; podrá alterar lo que quiera. ”
El ángel le entregó el libro. Al hojear sus páginas, el hombre fue leyendo la vida de sus vecinos. Se quedó descontento: Estas personas no merecen cosas tan buenas, pen só. De bolí­grafo en puño, empezó a empeorar la vida de cada uno.
Finalmente, llegó a la página de su destino. Vio su final trágico, pero cuando se preparaba para cambiarlo, el libro desapareció. Ya habí­an pasado los cinco minutos.
Y el ángel, allí­ mismo, se llevó el alma del hombre.