Edición nº 142: Sexto pecado capital – envidia

Según el diccionario: sustantivo femenino, del latí­n Invidia. Mezcla de pena y de rabia. Sentimiento de desagrado provocado por la prosperidad o la alegrí­a de otra persona. Deseo de poseer lo que tienen otros.

Para la Iglesia Católica: es contrario al Décimo Mandamiento (No codiciarás los bienes ajenos). Aparece por primera vez en el Génesis, en la historia de Caí­n y de su hermano Abel.

En una historia judaica: Un discí­pulo les pidió a los rabinos que le explicasen el siguiente pasaje del Génesis: “Le agradaron al Señor tanto Abel como su ofrenda, mientras que Caí­n y la ofrenda de éste no le agradaron. Se enfureció Caí­n sobremanera, y se le demudó el semblante. Entonces le dijo el Señor: «¿Por qué andas tan furioso, y por qué demudó tu semblante?»”
Respondieron los rabinos:
-Lo que realmente debió preguntarle Dios a Caí­n fue: «¿Por qué andas tan furioso? ¿Porque no acepté tu ofrenda o porque acepté la de tu hermano? »

Para el periodista Zuenir Ventura: Términos asociados [a la envidia] pueden ser corrosión, destrucción. Al mismo tiempo, se hace necesario encarar la envidia como una reacción humana. Todos los teóricos del tema piensan que la mejor manera de luchar contra ella es asumir que todo el mundo tiene algo de envidia, más o menos, según cada cual.

Para el escritor Giovanni Papini: La mejor venganza contra los que quieren hacerme de menos consiste en probar a volar a una cumbre aún más alta. Puede que no llegara tan arriba sin el impulso de quien me querí­a por los suelos. El individuo verdaderamente sagaz hace más aún: se aprovecha de la mismí­sima difamación para mejor retocar su retrato, suprimiendo las sombras que ocultan su luz. El envidioso se convierte, sin pretenderlo, en colaborador de tu perfección.

La envidia y la ética: Para el cientí­fico e investigador Dr. William M. Shelton, la envidia es una reacción provocada en personas fracasadas, que buscan evadirse de la realidad escudándose tras una cruzada que pretende restablecer “valores morales”, “nobles ideales” y “justicia social”. La situación llega a ser peligrosa desde el momento en que en el sistema escolar comienza a incentivarse el desprecio por todos aquellos que alcanzan el éxito, atribuyéndolo siempre a corrupción, manipulación, y degradación moral. Como perseguir el éxito es algo inherente al ser humano, los estudiantes terminan entrando en un proceso esquizofrénico que les lleva a odiar justamente lo que les darí­a la felicidad, aumentando como consecuencia las crisis de ansiedad, y disminuyendo la capacidad de innovar y de mejorar la sociedad.

Satán y los demonios: Los demonios fueron a quejarse al Prí­ncipe de las Tinieblas. Llevaban ya dos años tentando a cierto monje que viví­a en el desierto.
-Le hemos ofrecido dinero, mujeres y todo el resto de nuestro repertorio, y no hay manera.
-Es que no sabéis cómo se hace bien un trabajo -respondió Satanás- Venid a ver cómo hay que actuar en un caso como este.
Fueron todos volando hasta la caverna en la que viví­a el monje santo y, una vez allí­, Satán le susurró al oí­do:
-A tu amigo Macario acaban de nombrarlo obispo de Alejandrí­a.
Inmediatamente, el hombre blasfemó contra el cielo y perdió su alma.

Comentario del Tao Te King: Los sabios perfectos de la Antigüedad eran misteriosos, sobrenaturales, penetrantes, demasiado profundos para la comprensión humana.
Eran cuidadosos como el hombre que cruza un rí­o turbulento en pleno deshielo tras el invierno. Prudentes como aquel que es huésped de alguien muy ceremonioso. Evanescentes como el hielo al derretirse. Sencillos como la madera bruta, a la que la mano del hombre aún no ha dotado de ninguna forma.
¿Quién puede, mediante la serenidad, y poco a poco, purificar lo impuro? ¿Quién puede llegar a ser alguien tranquilo, y permanecer en calma para siempre? El que sigue el Camino Perfecto no quiere estar lleno de ninguna cosa.

(El próximo dí­a: Pereza, último pecado capital)