Edición nº 174 : El guerrero de la luz y la renuncia

“En cualquier actividad, es necesario saber lo que se debe esperar, conocer los medios de alcanzar el objetivo y la capacidad que tenemos para la tarea que nos hemos propuesto”.

“Sólo puede decir que renunció a los frutos aquél que, estando así­ pertrechado, no siente ningún deseo por los resultados de la conquista, y permanece inmerso en el combate”.

“Se puede renunciar al fruto, pero esta renuncia no significa ser indiferente al resultado”.

La estrategia es de Mahatma Gandhi. El guerrero de la luz escucha con respeto, y no se deja confundir por aquellos que, incapaces de alcanzar ningún resultado, viven predicando la renuncia.

Renunciando a la venganza

El guerrero de la luz tiene la espada en sus manos. Él es el que decide lo que va a hacer, y lo que no harí­a bajo ningún concepto. Hay momentos en los que la vida lo pone frente a una situación crí­tica: los casos en los que se ve forzado a separarse de algo que siempre ha amado.

Entonces el guerrero reflexiona. Verifica si está cumpliendo la voluntad de Dios, o si es el egoí­smo lo que lo mueve. Si la separación efectivamente forma parte de su camino, la acepta sin ninguna queja.

Pero si esa separación se debe a la perversidad ajena, su respuesta es implacable.

El guerrero domina el arte del golpe, y el arte del perdón. Sabe cómo aplicar cualquiera de las dos con la misma habilidad.

Renunciando a la provocación

El luchador veterano soporta los insultos; conoce la fuerza de su puño, la habilidad de sus golpes. Frente al oponente poco preparado, él apenas lo contempla, mostrando la fuerza de su mirada. Vence sin necesidad de que la lucha pase al plano fí­sico.

A medida que el guerrero de la luz aprende con su maestro espiritual, la luz de la fe brilla cada vez más en sus ojos, y ya no necesita probarle nada a nadie. Ya no importan los argumentos agresivos del adversario, que dicen que Dios es superstición, que los milagros son trucos, o que creer en ángeles es huir de la realidad.

Al igual que el luchador, el guerrero de la luz conoce su inmensa fuerza; y jamás lucha con quien no merece la honra del combate.

Renunciando al tiempo

El guerrero de la luz escucha a Lao Tzu cuando dice que debemos olvidar la idea de los dí­as y las horas, y prestarle cada vez más atención al minuto.

Sólo así­ consigue resolver ciertos problemas antes de que ocurran. Prestando atención a las pequeñas cosas, consigue resguardarse de las grandes calamidades.

Pero pensar en las pequeñas cosas no significa pensar pequeño. El guerrero sabe que un gran sueño está compuesto por muchas cosas diferentes, así­ como la luz del sol es la suma de sus millones de rayos.

Renunciando a la comodidad

El guerrero de la luz contempla las dos columnas que se encuentran a ambos lados de la puerta que pretende abrir. Una se llama Miedo. La otra se llama Deseo.

El guerrero mira a la columna del Miedo, y allí­ está escrito: “Por aquí­ se entra a un mundo desconocido y peligroso, donde todo lo que has aprendido hasta hoy no te servirá de nada”.

El guerrero mira a la columna del Deseo, y allí­ está escrito: “Por aquí­ se sale de un mundo conocido, donde se guardan todas las cosas que siempre has querido y por las que tanto has luchado”.

El guerrero de la luz sonrí­e, porque no existe nada que lo asuste, ni nada que lo retenga. Con la seguridad de quien sabe lo que quiere, abre la puerta.