Edición nº 198 – ¿Qué es lo que, a fin de cuentas, hago yo?

Muchos de mis lectores se quejan a veces de que hablo poco de mi vida personal en esta columna. En realidad hablo mucho, especialmente sobre mis indagaciones en el mundo imaginario. Sin embargo, vuelven a la carga: “pero, ¿cómo es su vida cotidiana?” Pues bien: durante una semana salí­ con un cuaderno y fui anotando más o menos todo lo que me sucede durante siete dí­as normales:

Domingo: 1] conduzco en silencio durante los 540 kilómetros que separan Parí­s de Ginebra. Seis horas sin ninguna conclusión importante, ninguna revelación extraordinaria. Como me encanta mi trabajo, en su dí­a me propuse firmemente pasar los domingos sin pensar en la escritura, así­ que procuro controlarme.

2] Gasolinera: veo una colección interesantí­sima de maquetas de metal. Considero comprarlas todas, pero pienso que más adelante acabaré con exceso de equipaje y que, además, muchas pueden romperse en el camino. Las compraré por internet en otro momento.

3] Me ducho. Doy una cabezada. Ceno con una amiga que me cuenta que el hombre que le gusta lo único que quiere es acostarse con ella y nada más. No sé qué decirle.

Lunes: 1] suena el despertador a las 10:15. De todas formas, la telefonista del hotel también llama al cuarto (es mi plan B: los nacidos en Virgo siempre tienen un plan B). Estoy aquí­ como miembro de la directiva de una respetable fundación, y me planteo si debo ponerme o no mis botas de vaquero, trabajadas en cuero rojo, blanco y negro. Decido que voy a llevarlas (a los artistas se nos permiten ciertas cosas).

2] Rápido desayuno con un amigo que trabaja en un banco. Le pregunto qué piensa de la crisis actual, y me da una serie de respuestas que ni él mismo termina de creerse. Le muestro el periódico del dí­a: habla de una reunión de banqueros para superar la crisis. Uno de ellos afirma que no conocen bien los “productos financieros” que están vendiendo. Menos mal que tengo mi dinero en la cuenta de ahorros: los nacidos en Virgo no corren riesgos en esta área.

3] Comida con la directiva. Les pregunto qué les parece la situación de Georgia. Nadie quiere comentar el asunto, pero todo el mundo elogia mis botas de vaquero.

4] La reunión es excelente, sin estrés. Aprendo mucho. Al final, al entrar en el coche, me dejo los documentos fuera, sobre el techo.

5] Al arrancar, los documentos se caen en mitad de la calle. Me paso media hora juntándolo todo, con coches bocinando e insultándome. Un miembro de la directiva pasa, para un poco más adelante, y me pregunta si necesito ayuda. Le digo que no, que ya es suficiente con que una persona arriesgue su vida por una razón tan estúpida.

6] Hoy puedo llamar por teléfono usando el sistema de “manos libres”, mientras conduzco. Le pido a Mí´nica, mi agente, que cancele lo de Praga y Berlí­n (cada vez que viajo, se me quitan las ganas de volver a viajar). Ella me dice que tenemos que encontrarnos antes de la Feria de Frankfurt para “ultimar algunos detalles”. ¿En Parí­s o en Barcelona? En Parí­s, decide ella. Llamo a Paula, mi ayudante, para preguntarle por qué mi blog tuvo tan pocos comentarios ayer. Ella me explica que han cambiado la configuración, y que acaba de aprobar cien comentarios.

7] Llego a Parí­s a las once de la noche. Suponí­a que tendrí­a una montaña de cosas esperándome, pero sólo veo dos paquetes de libros para firmar autógrafos, y unas pocas cartas. ¡Pero si he viajado! ¡He estado en otro paí­s! Me doy cuenta entonces de que he viajado poco más de 24 horas.

8] Cena. Dejo el ordenador encendido para bajar “American History X”. Me voy a dormir hacia las dos de la mañana, después de leer algunas páginas de Mi año como miembro del Islam radical, de Daveed Gartstenstein-Ross. El libro es excelente, pero no consigo avanzar mucho.

Martes: 1] A las 10:00 h, café con leche, zumo de naranja y pan con aceite (siempre tomo lo mismo, incluso cuando estoy en hoteles, lo cual ocurre la mayor parte del año). Tres comprimidos de Echinacea, una hierba que dicen que fortalece el organismo contra gripes, y que se ha mostrado a la altura de su reputación (aunque no haya base cientí­fica que lo explique).

2] Internet: lectura de mensajes de lectores, de mensajes de trabajo (mis asistentes filtran los más relevantes), y de los recortes de prensa; visita a un portal brasileño y a otro estadounidense para leer las noticias del dí­a. Compruebo que los asuntos de los mensajes son más o menos los de siempre: permiso para citar algún trecho mí­o en otros libros (siempre concedido), e invitaciones para dar conferencias (siempre rechazadas). Hoy voy a dar una entrevista para un periódico de Finlandia que va a empezar a publicar estas columnas. En total, permanezco una hora frente al ordenador.

3] Camino una hora seguida. Esté donde esté, raramente dejo de hacerlo. Hoy he invitado a mi ayudante a acompañarme: acaba de regresar de sus vacaciones en Brasil, y va a casarse en octubre. Conversamos sobre las vacaciones.

4] Una vez más frente al ordenador. Actualizando el blog, leyendo una entrevista al estúpido actor David Thewlis, que dice que su papel en “Veronika decide morir” (que se estrena el año que viene) fueron “apenas dos semanas más de trabajo”. Esto me deja irritado. Leo el resto de la entrevista y advierto que se queja de todo lo que ha hecho en la vida. Entonces la irritación desaparece.

5] Tiro con arco. Ducha. Ordenador de nuevo. Pido que comprueben una vez más que no hay ningún problema con el vuelo a Brasil del domingo. En principio está todo en orden.

6] Me olvidé de anotar dónde cené. Veo “Bienvenido a Sarajevo”. Leo de cabo a rabo el Herald Tribune. Intento concentrarme en Mi año en el Islam radical, pero sólo consigo leer algunas páginas.

Miércoles: 1] véanse, más arriba, los puntos 1, 2 y 3, sólo que en esta ocasión quien me acompaña en el paseo se llama Maarit, una lectora a la que conocí­ en la comunidad social Myspace. Ella se está preparando para ser religiosa. Conversamos mucho sobre la situación de la Iglesia Católica, y prometemos mantener el contacto.

2] Llega Mí´nica. Conversamos desde las tres de la tarde hasta las dos de la madrugada del dí­a siguiente, discutiendo el programa de lanzamiento del nuevo libro, lo que debo decir en Frankfurt, y dónde será su fiesta de cumpleaños (va a hacer cuarenta en noviembre). Sugiero que sea en su casa, en Barcelona, pero ella dice que han puesto delante un andamio y que han tapado la vista de la ciudad. Respondo que por las noches todas las vistas de ciudades son idénticas: un montón de luces parpadeando. Pero ella no termina de convencerse. Dice que tengo que dar más entrevistas. Nos pasamos todo este tiempo encerrados en el apartamento, pues Mí´nica simplemente odia caminar. Chris preparó la cena y ya se fue a dormir hace mucho.

3] A las dos y cuarto de la madrugada, digo que estoy cansado, que quiero dormir ya, pero ella está de tan buen humor como si acabara de despertarse, y eso que hace no mucho tuvo que pasar por la cámara de tortura que conocemos como “aeropuerto”.

4] Consigo convencerla de ir a dormir a las dos y media de la mañana. Aún con una serie de asuntos pendientes. Hoy nada de Herald Tribune ni de Mi año en el Islam radical.

Jueves: 1] Desayuno con Mí´nica, mi agente y amiga, que ha pasado menos de un dí­a en Parí­s, y ha dedicado diez horas a conversar conmigo (sin movernos del mismo sitio, pues detesta pasear, a pesar del bonito dí­a de otoño que ha hecho). Ella parte hacia Barcelona, y yo me dirijo al ordenador para echar un vistazo al buzón de correo electrónico: mensajes, solicitudes de permisos para citarme, invitaciones (todo debidamente filtrado por mis ayudantes). Leo los correos de los lectores.

2] el responsable de la tontada del dí­a es Frei Betto, un religioso brasileño al que consideraba mi amigo hasta hace pocos minutos, pero que firma una columna publicada en un periódico de provincias donde me ataca gratuitamente -mejor dicho, ataca todo lo que suponga “cultura popular”. Gracias a internet, nos enteramos de todo. Le enví­o un mensaje cortando todo lazo de amistad. Por precaución, mando copias para todos los amigos comunes que tenemos, para asegurarme de que el mensaje llegará hasta él.

3] Viene Juliette y me pide prestado un equipo de sonido que me regalaron en St. Moritz (Suiza). Es para la fiesta sorpresa de su marido, que cumple cuarenta años (parece que todo el mundo a mi alrededor está cumpliendo cuarenta). El equipo de sonido parece una tostadora eléctrica, pero en realidad emite impulsos digitales, lo que permite que la música se escuche con la misma intensidad y altura en toda una sala para doscientas personas. No lo he usado nunca, pero al menos va a serle útil a una amiga.

4] Camino una hora, como siempre. Practico tiro con arco, como siempre. Escribo mi columna semanal (que ustedes leen en estos momentos).

5] Ceno con Chris en un restaurante japonés. Pido lo mismo de la última vez. No sé por qué, siempre que voy a un restaurante nuevo y me gusta lo que como, acabo repitiendo otro dí­a. Falta de imaginación, supongo.

Viernes: 1] desayuno, ordenador, paseo. Actualización diaria de mi blog.

2] Salgo con mi periódico para pasar el dí­a en el Champ de Mars, cerca de mi apartamento de Parí­s. Observo a las personas preparándose para el invierno: la mayorí­a está haciendo fotos de la Torre Eiffel o hablando por el móvil. Paso frente a un museo (Museo Branly), veo que no hay fila y decido entrar. Es una exposición de arte indí­gena de varios continentes – intuyo que hay algo muy equivocado en nuestra civilización, desde el momento en que estas tribus y estas personas son capaces de realizar trabajos mucho más interesantes y contundentes que lo que vemos hoy en el terreno de las artes plásticas. Pero de nada sirve quejarse ni escribir sobre el asunto – existen tesis y más tesis sobre los “conceptos artí­sticos” contemporáneos, que incluyen una vaca sumergida en formol (vendida por 30 millones de dólares) y dos paredes de hierro oxidado (con un precio de alrededor de los cinco millones de dólares). Me parece que Frei Betto, en su nueva encarnación como intelectual de vanguardia, también debe de tener una tesis en defensa de estas cosas.

3] Vuelvo a casa, las maletas están listas, el chófer me espera, el coche se dirige al aeropuerto Charles de Gaulle. La salida está prevista para las 22:15, pero esta contemporánea cámara de tortura (conocida como aeropuerto) exige que estemos allí­ con una antecedencia que se hace eterna.

4] Despegamos a las 23:50 (con una hora de retraso). Voy a pasar unos veinte dí­as en Brasil antes de ir a Frankfurt. Pero, como siempre, no iré a ningún restaurante de moda, lo que significa que, dentro de no mucho, volveré a escuchar la misma pregunta: “¿Cuándo vas a pasarte por tu tierra?”.

Por lo que se ve, si alguien no acude a los restaurantes de moda, es que no existe.