El pecado y las religiones

Cristianismo: La partida de ajedrez

Dijo el joven al sacerdote zen: “Me gustarí­a entrar en el monasterio, pero nada de lo que he aprendido es importante. Todo lo que mi padre me enseñó es a jugar al ajedrez, algo que no sirve para alcanzar la iluminación.”

El sacerdote pidió que le trajeran un tablero, llamó a un monje y le ordenó que jugara con el muchacho, añadiendo: “el que pierda, morirá.”

El joven se dio cuenta de que estaba luchando por su vida, y el tablero se convirtió en el centro del mundo. Sin embargo, como conocí­a todas las estrategias, enseguida vio que el monje iba a perder. Se preparaba para el golpe final, cuando observó la miraba de santidad de su adversario. Comenzó a cometer errores a propósito; preferí­a morir, pues el monje podrí­a ser más útil a la humanidad.

De repente, el sacerdote tiró el tablero al suelo.

“Has aprendido más de lo que te enseñaron,” dijo. “Sabes que el camino de la luz no está hecho sólo de concentración, sino también de compasión. Te acepto como mi discí­pulo.”

Judaí­smo: Perdonando con el mismo espí­ritu

El rabino Nahum de Chernóbil viví­a siendo ofendido constantemente por un comerciante. Un dí­a los negocios de este último comenzaron a andar muy mal.

“Debe de ser el rabino, que está pidiendo venganza a Dios”, pensó. Y fue a pedir disculpas a Nahum.

Yo te perdono con el mismo espí­ritu que tú me has perdonado – respondió el rabino

Pero las pérdidas de aquel hombre continuaron creciendo cada vez más, hasta quedar completamente arruinado. Los discí­pulos de Nahum, horrorizados, fueron a preguntarle sobre lo ocurrido.

-Yo lo perdoné, pero él siguió odiándome desde el fondo de su corazón – dijo el rabino -. Por eso, su odio fue contaminando todo lo que hací­a, y el castigo de Dios se hizo aún más duro de lo que ya era.

Islam: dónde está Dios

En una pequeña aldea de Marruecos, un imán contemplaba el único pozo de toda la región. Otro musulmán se aproximó:

– ¿Qué hay allí­ dentro?

-Ahí­ está escondido Dios.

– ¿Que Dios está escondido dentro de este pozo? ¡Eso es pecado! Lo que usted está viendo debe de ser una imagen que los infieles dejaron ahí­.

El imán le pidió al otro que se acercase y se asomase al borde. Reflejado en el agua, éste pudo ver su propio rostro.

– ¡Pero si ése soy yo!

– Exactamente. Ahora ya sabes dónde se esconde Dios.