Un hombre acostado en el suelo

by Paulo Coelho on December 5, 2009

El día 1 de julio, a las 13.05 hs. Había un hombre de aproximadamente cincuenta años acostado en la calzada de Copacabana. Yo pasé por su lado, lancé una rápida mirada y continué mi camino en dirección a una barraca donde siempre acostumbro a beber agua de coco.
Como carioca, ya pasé centenares o miles de veces al lado de hombres, mujeres o niños echados en el suelo. Como viajero habitual, ya vi la misma escena en prácticamente todos los países que visité, desde la Suecia hasta Rumania. He visto a personas acostadas en el suelo en todas las estaciones del año: en el invierno cortante de Madrid, Nueva York o París, donde se instalan cerca del aire caliente que sale de las estaciones de metro. En el sol ardiente del Líbano, entre los edificios destruidos por años de guerra. Las personas acostadas en el suelo – borrachas, desabrigadas, cansadas – no constituyen novedad en la vida de nadie.
Bebí mi agua de coco. Debía volver pronto, pues tenía una entrevista con Juan Arias, del periódico español El País. En mi camino de regreso vi que el hombre continuaba allí, bajo el sol – y todos los que pasaban actuaban exactamente como yo: miraban y seguían adelante.
Sucede que – aunque yo no lo supiera – mi alma ya estaba cansada de ver esa misma escena, tantas veces. Cuando volví a pasar cerca de aquel hombre, algo más fuerte que yo me hizo arrodillar e intentar levantarlo.
Él no reaccionaba. Giré su cabeza y había sangre en su frente. ¿Y ahora? ¿Era una herida seria? Limpié su piel con mi camiseta: no parecía nada grave.
En este momento el hombre empezó a murmurar cualquier cosa parecida a “¡pida que no me peguen!” Bien, estaba vivo. Ahora yo tenía que apartarlo del sol y avisar a la policía.
Detuve al primer hombre que pasó y le pedí que me ayudase a arrastrarlo hasta la sombra, entre la calzada y la arena. Él iba con chaqueta, llevaba portafolio, paquetes.. pero dejó todo a un lado y vino a ayudarme – su alma también debía estar ya cansada de ver aquella escena.
Una vez colocado el hombre en la sombra, fui andando en dirección a mi casa – sabía que había una cabina de Policía Militar y podría pedir ayuda allí. Pero antes de llegar a ella me crucé con dos soldados.
-Hay un hombre herido delante del número tal – les dije – Lo he colocado en la arena. Habría que enviar una ambulancia.
Los policías dijeron que se ocuparían. Listo, yo había cumplido con mi deber. Boy scout siempre alerta. ¡La buena acción del día! El problema ahora estaba en otras manos, que ellas se responsabilizasen. Y el periodista español llegaría a mi casa en pocos minutos.
No había dado diez pasos cuando un extranjero me interrumpió, hablando en un portugués confuso:
– Yo ya había avisado a la policía sobre el hombre en la calzada. Me dijeron que si no era un ladrón, no era problema de ellos.
No dejé que el hombre terminase de hablar. Volví hasta los guardias, convencido de que sabían quien era, que escribía en diarios, que aparecía en la televisión. Volví con la falsa impresión de que el éxito, en algunos momentos, ayuda a resolver ciertas cosas.
-¿Usted es alguna autoridad?- preguntó uno de ellos, notando que yo pedía ayuda de manera más incisiva.
No tenían idea de quien era yo.
– ¡No! Pero vamos a resolver este problema ahora.
Yo iba mal vestido: camiseta manchada con la sangre del hombre, bermudas cortadas de unos antiguos pantalones vaqueros, sudado. Yo era un hombre común, anónimo sin ninguna autoridad más que mi hartazgo de ver a gente tirada en el suelo durante años y años de mi vida sin haber hecho jamás absolutamente nada.
Y eso cambió todo. Hay un momento en el que uno está más allá de cualquier bloqueo o miedo. Hay un momento en el que la mirada cambia, y la gente entiende que uno está hablando en serio. Los guardias me acompañaron y además llamaron a la ambulancia.

Mientras volvía a mi casa, recordé las tres lecciones de aquella caminata:
a) todo el mundo puede detener una acción antes de aguantar con las consequencias
b) pero siempre hay alguien para decir “¡ahora que comenzaste, ve hasta el final!”
Y lo mas importante:
c) todo el mundo es autoridad cuando está absolutamente convencido de lo que hace

Paulo Coelho

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Marcela de Argentina July 31, 2011 at 11:39 pm

Me gustò muchisimo!!!hay que dejar el orgullo al costado y ayudar mas,besos…

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Andrea May 20, 2010 at 9:22 pm

cuando comienzas siempre hay alguien para decirte: sigue adelante!
gracias:)

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frANK ARIAS January 21, 2010 at 12:53 am

La verdad considero como un aporte esta anecdota de Paulo, por lo siguiente, imaginemos a este mundo tirado en el suelo y quienes viven en el se han acostumbrado a verlo y tratado de esa manera por mucho tiempo, y que alguien se digne a levantarle las nubes y con sorpresa vean como esta escarapelada su superficie, como esta afectado entorno, sus rios sin aguas, sus glaciales descongandose, sus especies desapareciendo por asesinato ineptitud y desacato a no preservar el cordon umbilical de nuestra existencia, a que gendarme llamariamos sino es a nuestra propia atencion solo asi heredaran nuestros futuros, es hora de ejercer la autoridad que tenemos de preservar para vivir.SALVEMOS A ESTE MUNDO HERIDO.

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Domingo Pardo January 13, 2010 at 10:13 pm

A lo sucedido, se le llama acción de poder, es ese momento estabas cargado de energía y el universo te puso a prueba.
El universo, como contestación a nuestras peticiones o ruegos, nos contesta poniéndonos a prueba. El Universo interactúa constantemente con nosotros.
Todos los planos de contraste son delgados y los mundos pequeños,

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Judith December 6, 2009 at 9:06 am

En realidad solo paso a saludarte!! Espero que estos dias sean maravillosos para ti. Te envio muchisimos Besos!!! Sabes, hoy que lei esto, muchas cosas vinieron a mi cabeza… Vivimos en un mundo tan bello y a veces tan repleto de situaciones tan diversas… (suspiro) :)

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Yvette Chavez Parra December 5, 2009 at 11:03 pm

Esta historia la cuenta Juan Arias en el libro de entrevistas a Paulo “Las confesiones del peregrino” y la primera ves q la lei me senti muy identificada cuando veo algo asi al lado mio, algo dentor se cominza a mover y es como un calor q me sube a la cabeza y explota en mi boca y mis manos y no puedo mas q actuar, no puedo callar ante la injusticia y el abuso, muchos me han dicho q me estoy buscando problemas y q algun dia me va a pasar algo por meterme en cosas q no me afectan a mi… lo q no entienden es q nos afecta a TODOS la injusticia y la indiferencia, la inaccion esta matando a este mundo. Por estos dias casualmente estoy releyendo ese libro y justo va en el capitulo de las señales y me parece q es una gran señal q hoy me encuentre con esta nota publicada…

Es cierto TODOS somos autoridad cuando hablamos con la verdad y la justicia por delante.

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Iulian Ursu December 5, 2009 at 11:17 pm

Es cierto, yo también a leí en el libro de Juan Arias hace unos cuantos años. Además la reconocí en cuanto empecé a leerla.

Alma Tierna December 5, 2009 at 10:18 pm

Para cambiar las cosas tenemos que ser valientes, no sólo fuertes.

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Den Rod December 5, 2009 at 8:47 pm

Cuando tenemos la razón el universo nos da todo el poder que necesitamos

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Raúl Retana December 5, 2009 at 8:28 pm

Impresionante y bello relato. Ejemplifica lo que yo siempre he defendido. Ojalá que en todas las ocasiones tuviéramos la fuerza para actuar contra lo que estamos cansados.

Un Saludo Paulo.

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gabriela de Argentina December 5, 2009 at 6:15 pm

Es muy cierto lo que dices Paulo al igual que Ricardo.
Tal ves el secreto está en la convicción con que uno actúa y dice las cosas, y en la mirada que lo dice todo.

Un beso enorme!

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Arnaldo fernandes December 5, 2009 at 5:35 pm

Cuando llega en cada ser humano la nesecidad de la ACCION , ES CUANDO DAMOS UNA MARCA AL TIPO DE PERSONA Q SOMOS ,TANTO EN LO POSITIVO COMO EN LO NEGATIVO.

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Ricardo December 5, 2009 at 5:01 pm

Tal cual, como abogado,te diria que es muy verdad lo que afirmas… no necesito un saco y una corbata para hacer valer algo , en ojotas y bermudas basta si uno esta plenamente convencido de la accion que realiza. un abrazo

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gabriela de Argentina December 5, 2009 at 6:16 pm

Coincido colega!

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