Diálogo con el maestro – El tedio

por Paulo Coelho


(anotaciones hechas en Agosto 1986)

Estamos sentados en un jardí­n, en una ciudad francesa.
– Las personas se quejan, pero en el fondo adoran la rutina – dije yo.
– Claro, y la razón es muy simple: la rutina les da la falsa sensación de que están más seguras. Así­, el dí­a de hoy será exactamente igual al dí­a de ayer, y el de mañana no traerá sorpresas. Al llegar la noche, parte del alma protesta porque no vivió nada diferente, pero la otra parte está contenta – paradójicamente por la misma razón.
Es evidente que esta seguridad es totalmente falsa, pues nadie puede controlar nada y, justamente en el momento más inesperado, aparece un cambio que sorprende a la persona sin condiciones de reaccionar o luchar…

– Si somos libres para decidir que queremos una vida rutinaria, ¿por qué Dios nos obliga a cambiarla?
– ¿Qué es la realidad? Es lo que imaginamos que es. Si mucha gente “piensa” que el mundo es de tal o cual manera, las cosas de nuestro entorno se cristalizan, y nada cambia durante algún tiempo. Sin embargo, la vida es una evolución constante – social, polí­tica, espiritual, sea en el nivel que sea. Para que las cosas evolucionen, es necesario que las personas cambien. Como estamos todos interrelacionados, a veces el destino da un empujón a aquellos que están impidiendo el cambio.

– Generalmente bajo la forma de tragedia…
– La tragedia depende de cómo se la mire. Si elegiste ser una ví­ctima del mundo, cualquier cosa que te pase alimentará aquel lado negro de tu alma donde te consideras ví­ctima de la injusticia, sufridor, culpable y merecedor de castigo. Si elegiste ser un aventurero, los cambios – incluso las pérdidas inevitables, ya que todo en este mundo se transforma – pueden causarte algún dolor, pero pronto te empujarán hacia delante, obligándote a reaccionar.
En muchas tradiciones orales, la sabidurí­a está representada por un templo, con dos columnas en la puerta. Estas dos columnas siempre tienen nombre de cosas opuestas entre sí­, pero para ejemplificar lo que quiero decir, llamaremos a una Miedo y a otra Deseo.
Cuando el hombre está delante de esta puerta, mira a la columna del Miedo y piensa: “¡Dios mí­o, que será lo que encontraré aquí­?”. Acto seguido, mira hacia la columna del Deseo y piensa: “¡Dios mí­o, ya estoy tan acostumbrado con lo que tengo que deseo continuar viviendo como siempre viví­”. Y se queda allí­ detenido. A eso llamamos tedio.

– El tedio es…
– El movimiento que cesa. Instintivamente, sabemos que está mal y nos rebelamos. Nos quejamos con nuestros maridos, esposas, hijos, vecinos. Pero, por otro lado, sabemos que el tedio y la rutina son puertos seguros.

– ¿Una persona puede pasar toda su vida en esta situación?
Ella puede recibir el empujón de la vida, pero resistirlo y continuar allí­, siempre protestando. Y su sufrimiento habrá sido inútil, no le habrá enseñado nada.
Sí­, una persona puede continuar el resto de sus dí­as parada frente a una de las puertas que debe atravesar, pero necesita entender que solo vivió realmente hasta ese punto. Puede continuar respirando, andando, durmiendo, comiendo – pero cada vez con menos placer, porque ya está muerta espiritualmente y no lo sabe.
Hasta que un dí­a, además de la muerte espiritual, aparece la muerte fí­sica; en ese momento, Dios le preguntará “qué es lo que hiciste con tu vida?”. Todos nosotros tenemos que responder a esta pregunta, y ¡ay! de quien diga “me quedé parado frente a una puerta”.

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