la importancia de decir que no

Paulo Coelho

“Hitler pudo perder la guerra en el campo de batalla, pero terminó ganando algo”, dice M. Halter. “Porque el hombre del siglo XX creó el campo de concentración y resucitó la tortura, mostrando a sus semejantes que es posible cerrar los ojos a las desgracias de los demás hombres”.

Las palabras más importantes en todas las lenguas son palabras pequeñas. “Sí­”, por ejemplo. “Amor”, “Dios”. Son palabras que salen con facilidad, y que llenan espacios vací­os de nuestro mundo.

No obstante, hay una palabra, también pequeña, que nos cuesta decir.

“No”.

Y nos sentimos generosos, comprensivos, educados. Porque el no tiene fama de maldito, de egoí­sta, de poco espiritual.

Cuidado con esto. Hay momentos en los que, al decir “sí­” a los otros, uno se está diciendo “no” a sí­ mismo.

Todos los grandes hombres y mujeres del mundo fueron personas que, en lugar de decir “sí­”, dijeron un NO rotundo a todo lo que no era acorde con un determinado ideal de bondad y crecimiento.

A menudo nos pueden tildar de intolerantes, pero es importante abrirse y luchar contra todo y contra todas las circunstancias, si estamos frente a una injusticia o una crueldad. Nadie puede permitir que, a fin de cuentas, Hitler haya establecido un modelo que pueda reproducirse porque la gente sea incapaz de protestar. Y para reforzar esta lucha, es bueno no olvidar las palabras de John Bunyan:

“Aunque haya pasado por todo lo que he pasado, no me arrepiento de los problemas en los que me metí­, porque fueron éstos justamente los que me trajeron adonde querí­a llegar. Ahora, ya cerca de la muerte, todo lo que tengo es esta espada, y se la cedo a todo aquel que quiera proseguir su peregrinaje.
“Llevo conmigo las marcas y cicatrices de los combates, que son testigos de lo que viví­, y recompensas de lo que conquisté. Son estas queridas marcas y cicatrices las que van a abrirme las puertas del Paraí­so.
“Hubo una época en la que viví­ escuchando historias de bravura. Hubo una época en la que viví­ apenas porque tení­a que vivir. Pero ahora vivo porque soy un guerrero, y porque quiero estar un dí­a en la compañí­a de Aquél por quien tanto luché.”

En definitiva, las cicatrices son necesarias cuando luchamos contra el Mal Absoluto, o cuando debemos decir que no a todos aquellos que, a veces con la mejor de las intenciones, intentan estorbar el camino que conduce a nuestros sueños.