Archives for December 2010

20 SEC READ: The Drunkard Disciple / El discipulo borracho

Illustration by Ken Crane

AQUI EN ESPANOL: El discipulo borracho
AQUI EM PORTUGUES: O discí­pulo embriagado

A Zen master had hundreds of disciples. They all prayed at the right time, except one, who was always drunk.

The master was growing old. Some of the more virtuous pupils began to wonder who would be the new leader of the group, the one who would receive the important secrets of the Tradition.

On the eve of his death, however, the master called the drunkard disciple and revealed the hidden secrets to him.

A veritable revolt broke out among the others.

“How shameful!” they cried in the streets, “We have sacrificed ourselves for the wrong master, one who can’t see our qualities.”

Hearing the commotion outside, the dying master remarked:
“I had to pass on these secrets to a man that I knew well. All my pupils are very virtuous, and showed only their qualities. That is dangerous, for virtue often serves to hide vanity, pride and intolerance. That is why I chose the only disciple whom I know really well, since I can see his defect: drunkenness.”

Te perdono porque te amo y no me amas

EM PORTUGUES AQUI: Oraí§í£o do Perdí£o
IN ENGLISH HERE: Prayer of Forgiveness (ALEPH)

Hilal and I, 2006

extracto del libro ALEPH

– Recuerdas el Aleph. Recuerdas lo que sentí­as en ese momento. Las explicaciones y las respuestas no serán suficientes. Confundirán aún más lo que ya es bastante complejo. Simplemente perdóname.

– No sé por qué tengo que perdonar al hombre que amo.

Hilal busca inspiración en las paredes de oro, las columnas, la gente que viene a esta hora de la mañana, las llamas de las velas encendidas.
– Perdono a la chica que fuí­, no porque quiera ser una santa, sino porque no quiero soportar este odio. Este odio pesado.

Esto no era lo que yo esperaba.
– No puedes perdonar a todos y todo, pero perdóname.
– Perdono todo y a todos. Te perdono porque te amo y no me amas. Te perdono porque me rechazas y pierdo mi poder.

Ella cierra los ojos y levanta sus manos hacia el techo.

– Estoy liberado del odio por medio del perdón y el amor. Entiendo que el sufrimiento, cuando no puede ser evitado, me ayuda a avanzar hacia la gloria.

Hilal habla en voz baja, pero la acústica de la iglesia es tan perfecta que todo lo que dice parece hacer eco a lo largo de las cuatro esquinas. Pero mi experiencia me dice que está canalizando el espí­ritu de un niño.

Las lágrimas que derramé, yo perdono.
El sufrimiento y las decepciones, yo perdono.
Las traiciones y mentiras, yo perdono.
Las calumnias y las intrigas, yo perdono.
El odio y la persecución, yo perdono.
Los golpes que me dieron, yo perdono.
Los sueños rotos, yo perdono.
Las esperanzas muertas, yo perdono.
El desamor y la envidia, yo perdono.
La indiferencia y la mala voluntad, yo perdono.
La injusticia en el nombre de la justicia, yo perdono.
La ira y el maltrato, yo perdono.
El abandono y el olvido, yo perdono.
El mundo con toda su maldad, yo perdono.

Ella baja los brazos, abre los ojos y coloca sus manos en su rostro.
Me acerco a besarla, pero ella hace una señal con las manos.
– No he terminado todaví­a.
Ella cierra sus ojos y mira hacia arriba.

La pena y el resentimiento, los sustituyo con comprensión y entendimiento.
La rebeldí­a, la sustituyo con la música que sale de mi violí­n.
El dolor lo sustituyo con olvido.
La venganza, la sustituyo con victoria.

Seré capaz de amar por encima del desamor.
Dar incluso cuando estoy despojada de todo.
Trabajar feliz incluso cuando estoy en medio de todos los obstáculos.
Secar las lágrimas, incluso cuando aún estoy llorando.
Creer incluso cuando estoy desacreditada.

Ella abre los ojos, pone sus manos sobre mi cabeza y dice con la autoridad que viene de arriba:

– Hágase tu voluntad. Hágase tu voluntad.



(traduccion: Karem Molina )