La partida de ajedrez


Illustration by Ken Crane

Dijo el joven al sacerdote: “Me gustarí­a entrar en el monasterio, pero nada de lo que he aprendido es importante. Todo lo que mi padre me enseñó es a jugar al ajedrez, algo que no sirve para alcanzar la iluminación.”

El sacerdote pidió que le trajeran un tablero, llamó a un monje y le ordenó que jugara con el muchacho, añadiendo: “el que pierda, morirá.”

El joven se dio cuenta de que estaba luchando por su vida, y el tablero se convirtió en el centro del mundo.
Sin embargo, como conocí­a todas las estrategias, enseguida vio que el monje iba a perder. Se preparaba para el golpe final, cuando observó la miraba de santidad de su adversario.
Comenzó a cometer errores a propósito; preferí­a morir, pues el monje podrí­a ser más útil a la humanidad.

De repente, el sacerdote tiró el tablero al suelo.

“Has aprendido más de lo que te enseñaron,” dijo. “Sabes que el camino de la luz no está hecho sólo de concentración, sino también de compasión. Te acepto como mi discí­pulo.”