El fuego de la amistad

Una muchacha espera fuera del hotel en Moscú, cuando llego con mis editores. Se aproxima y toma mis manos.
“”Necesito hablar contigo. Vine de Ekaterinburg sólo para eso.

Estoy cansado. Desperté más temprano que de costumbre, tuve que cambiar de avión en Parí­s porque no habí­a vuelo directo, intenté dormir en el viaje, pero cada vez que lograba hacerlo, entraba en una especie de sueño repetido que no me gustaba nada.

Extiendo la mano para despedirme, y noto que las de ella están muy frí­as.
“”¿Por qué no entraste al hotel para esperarme?
“”Leí­ tu blog el otro dí­a y entendí­ que escribí­as para mí­.

Ella saca un papel impreso con parte de mi texto.

Era una vez un hombre pobre pero de mucho coraje que se llamaba Ali. Trabajaba para Ammar, un viejo y rico comerciante.

Cierta noche de invierno dice Ammar: “Nadie puede pasar una noche así­ en lo alto de la montaña, sin frazada y sin comida. Pero tu necesitas de dinero y si consigues hacer eso, recibirás una gran recompensa. Si no lo consigues, trabajarás gratis por treinta dí­as”.

Ali respondió: “Mañana cumpliré esa prueba”.

Pero al salir del negocio vio que realmente soplaba un viento helado y tuvo miedo. Resolvió preguntarle a su mejor amigo, Aydi, si no le parecí­a una locura hacer esa apuesta.

Después de reflexionar un poco Aydi le respondió:
“Voy a ayudarte. Mañana cuando estés en lo alto de la montaña mira hacia el frente.
“Yo estaré también en lo alto de la montaña vecina, pasaré la noche entera con una fogata encendida para ti.
“Mira para el fuego, piensa en nuestra amistad, y eso te mantendrá abrigado. Tu vas a conseguir y después yo te pediré algo en cambio”.

Ali venció la prueba, tomó el dinero y fue hasta la casa de su amigo:
“Tu me dijiste que querí­as algo en pago”.

Aydi le respondió: “Si, pero no en dinero. Prométeme que, si en algún momento el viento frí­o pasa por mi vida, encenderás para mi el fuego de la amistad.”

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En ALEPH