¿Cuántas vidas vivimos?

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Esta pregunta está en nuestra mente desde el comienzo de la civilización : ¿Termina la vida con la muerte?
¿Pasamos a otro plano?
¿Volvemos de nuevo al planeta Tierra?

En mi nuevo libro, El Aleph, describo mi experiencia personal con respecto a un asunto muy delicado: la reencarnación.

En primer lugar, debemos dejar a un lado la idea de que el tiempo puede ser medido: no puede. Creamos un convencionalismo que es absolutamente necesario para que la sociedad funcione ; en caso contrario, jamás llegaríamos a tiempo para tomar un tren, o la carne acabaría quemándose en el horno.
La memoria sirve para protegernos del peligro, permitir que podamos vivir en sociedad, encontrar alimento, crecer, transmitir a la próxima generación todo lo que aprendemos.

Pero no es la vida en sí. El tiempo no pasa; es apenas el momento presente. Aquí, en este instante en el que escribo, está mi primer beso y el sonido del piano que mi madre tocaba mientras yo jugaba en la sala. Yo soy todo lo que fui, y todo lo que seré.

Eso nos da miedo: deseamos, por ejemplo, que el amor se estacione en aquel momento en que todo está en perfecto orden, pero eso es un engaño, ya que el amor cambia junto con el presente.
¿Estoy casado hace 30 años con la misma mujer? No.
Ella cambió, yo cambié, y nuestro amor se transformó con nosotros.

Nada comenzó con el nacimiento y no terminará con la muerte. Tal vez se pregunten: ¿dónde están aquellos que partieron?
Nunca, absolutamente nunca, perdemos a nuestros seres queridos . Ellos nos acompañan porque no están muertos.

Imaginemos un tren: yo no puedo ver lo que hay en el vagón que va delante de mí, pero ahí hay gente viajando en el mismo tiempo y en el mismo espacio que yo, que ustedes, que todo el mundo.
El hecho de que no podamos hablar con ellos, saber lo que está ocurriendo en el otro vagón, es absolutamente irrelevante; ellos están ahí.

Así, aquello que llamamos “vida” es un tren con muchos vagones. A veces estamos en uno, a veces estamos en otro.
A veces cruzamos de uno a otro: cuando soñamos, o cuando nos dejamos llevar por lo extraordinario.
¿Pero cuántas veces ya experimentamos esa sensación conocida como déjà vu? Por una fracción de segundo (que procuramos olvidar rápido, porque no combina con nuestra lógica convencional), tenemos la certeza de que ya pasamos por aquel lugar, situación o sentimiento .

Estuvimos en otra dimensión, en otras vidas que estamos experimentando simultáneamente, pero donde las cosas no suceden exactamente como aquí. ¿Cuántas vidas vivimos ya?
En realidad, la pregunta es distinta: ¿cuántas vidas estamos viviendo ahora? Nos toca responder a cada uno de nosotros.

The source

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Illustration by Ken Crane

 
How can we be able to retain good values in ourselves? (Ankit, Twitter)

I don’t see this from this perspective – I don’t think we “retain” good values.
This would mean that we would be trying to keep inside ourselves things that ultimately do not belong to us.
In a way your question is quite revealing of what society tries to instill in us: to be able to retain the rules of “dos” and “don’ts” of others.

I see good values in a different way; I see them in the sense of a greater understanding and joy.
This can only be found within our souls – not outside from us. We have then to “tap” into this source that is available in virtually all of us.

This is the moment when we identify, in the silence of ourselves, the greater light, the greater path.

Once we recognize this inner fountain, we stop “retaining” and actually become instruments of a higher purpose: to allow it flow without questions, without the seeking of a reward.
This is the only value, in my eyes, that truly matters.
 
 
 

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