Purificando el mundo


Illustration by Ken Crane

-¿Cómo purificamos al mundo? – preguntó un discí­pulo.

Ibn al-Husayn respondió:

– “Habí­a un sheik en Damasco llamado Abu Musa al-Qumasi. Todos lo honraban por causa de su sabidurí­a, pero nadie sabí­a si era un hombre bueno.

Cierta tarde, un defecto de construcción hizo que se derrumbase la casa donde el sheik viví­a con su mujer. Los vecinos, desesperados, empezaron a cavar las ruinas, hasta que en cierto momento consiguieron localizar a la esposa del sheik.

Ella dijo: “Dejadme. Salvad primero a mi marido, que estaba sentado más o menos allí­”.

Los vecinos removieron los destrozos en el lugar indicado, y encontraron al sheik. Este dijo “Dejadme. Salvad primero a mi mujer, que estaba acostada más o menos allí­”.

“Cuando alguien actúa como actuó esta pareja, está purificando el mundo entero”.