Archives for December 24, 2011

Um conto de natal


Conta uma lenda medieval que no paí­s que hoje conhecemos como íustria, a famí­lia Burkhard – composta de um homem, uma mulher, e um menino – costumavam animar as feiras de natal recitando poesias, cantando baladas de antigos trovadores, e fazendo malabarismos para divertir as pessoas. Evidente que nunca sobrava dinheiro para comprar presentes, mas o homem sempre dizia a seu filho:

– Vocíª sabe por que a sacola de Papai Noel ní£o se esvazia nunca, embora haja tantas crianí§as neste mundo? Porque embora ela esteja cheia de brinquedos, í s vezes existem coisas mais importantes para serem entregues, os chamados “presentes invisí­veis”. Em um lar dividido, ele procura trazer harmonia e paz na noite mais santa da cristandade. Onde falta amor, ele deposita uma semente de fé no coraí§í£o das crianí§as. Onde o futuro parece negro e incerto, ele traz esperaní§a. No nosso caso, quando Papai Noel vem nos visitar, no dia seguinte estamos todos contentes de continuarmos vivos e fazendo nosso trabalho, que é de alegrar as pessoas. Jamais esqueí§a isso.

O tempo passou, o menino transformou-se em rapaz, e certo dia a famí­lia passou diante da imponente abadia de Melk, que acabara de ser construí­da.O jovem pela primeira vez manifestou sua vocaí§í£o escondida, que era tornar-se padre. A famí­lia entendeu e respeitou o desejo do filho. Bateram na porta do convento, foram acolhidos com amor pelos monges, que aceitaram o jovem Buckhard como novií§o.

Chegou a véspera do natal. E justamente naquele dia, um milagre especial aconteceu em Melk: Nossa Senhora, levando o menino Jesus nos braí§os, resolveu descer í  Terra para visitar o mosteiro.

Orgulhosos, todos os padres fizeram uma grande fila, e cada um postava-se diante da Vigem, procurando homenagear a Mí£e e o Filho.

No último lugar da fila o jovem Buckhard aguardava ansioso. Seus pais eram pessoas simples, e tudo que lhe haviam ensinado era atirar bolas para cima e fazer alguns malabarismos.

Quando chegou sua vez, os outros padres quiseram encerrar as homenagens, porque o antigo malabarista ní£o tinha nada de importante para dizer, e podia desmoralizar a imagem do convento. Entretanto, no fundo do seu coraí§í£o, também ele sentia uma imensa necessidade de dar alguma coisa de si para Jesus e a Virgem.

Envergonhado, sentindo o olhar reprovador dos seus irmí£os, ele tirou algumas laranjas do bolso e comeí§ou a jogá-las para cima e segurá-las com as mí£os, criando um belo cí­rculo no ar, igual ao que costumava fazer quando ele e sua famí­lia caminhavam pelas feiras da regií£o.

Foi só neste instante que o Menino Jesus comeí§ou a bater palmas de alegria no colo de Nossa Senhora. E foi para ele que a Virgem estendeu os braí§os, deixando que segurasse um pouco a crianí§a, que ní£o parava de sorrir.

(baseado em uma lenda medieval)
 
 

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Cuento de Navidad


Cuenta una leyenda que, en el paí­s que hoy conocemos como Austria, era costumbre que la familia Burkhard (compuesta por un hombre, una mujer y un niño) animase las ferias navideñas recitando poesí­as, cantando baladas de antiguos trovadores, y haciendo malabarismos que divertí­an a todo el mundo. Por supuesto, nunca sobraba dinero para comprar regalos, pero el hombre siempre le decí­a a su hijo:

-¿Tú sabes por qué el saco de Papá Noel nunca termina de vaciarse, con la de niños que hay en el mundo? Pues porque, aunque está lleno de juguetes, a veces también deben entregarse algunas cosas más importantes, que son los llamados “regalos invisibles”. A un hogar dividido, él lleva armoní­a y paz en la noche más santa del año cristiano. Donde falta amor, él deposita una semilla de fe en el corazón de los niños. Donde el futuro parece negro e incierto, él lleva la esperanza. En nuestro caso, cuando Papá Noel nos viene a visitar, al dí­a siguiente todos nos sentimos contentos por continuar vivos y por poder realizar nuestra trabajo, que es el de alegrar a las personas. Que esto nunca se te olvide.

Pasó el tiempo, el niño se transformó en un muchacho, y cierto dí­a la familia pasó por delante de la imponente abadí­a de Melk, que acababa de ser construida.El joven Buckhard queria quedarse alli. Los padres comprendieron y respetaron su deseo. Llamaron a la puerta del convento, que aceptaron al joven Buckhard como novicio.

Llegó la ví­spera de la Navidad y, justamente ese dí­a, se obró en Melk un milagro muy especial: Nuestra Señora, llevando al Niño Jesús en brazos, decidió bajar a la Tierra para visitar el monasterio.

Sin poder disimular su orgullo, todos los religiosos hicieron una gran fila, y cada uno de ellos se iba postrando ante la Virgen, procurando homenajear a la Madre y al Niño.
Al final de la fila, el joven Buckhard aguardaba ansioso. Sus padres eran personas simples, y sólo le habí­an enseñado a lanzar bolas a lo alto para hacer con ellas algunos malabares.

Cuando le tocó el turno, los otros religiosos querí­an poner fin a los homenajes, pues el antiguo malabarista no tení­a nada importante que decir, y podrí­a dañar la imagen del convento. Sin embargo, también él sentí­a en lo más hondo una fuerte necesidad de ofrecerles a Jesús y a la Virgen algo de sí­ mismo.

Avergonzado, sintiendo la mirada recriminatoria de sus hermanos, se sacó algunas naranjas de los bolsillos y comenzó a arrojarlas hacia arriba para atraparlas a continuación, creando un bonito cí­rculo en el aire.

Fue sólo entonces cuando el Niño Jesús empezó a aplaudir de alegrí­a en el regazo de Nuestra Señora. Y fue sólo a este muchacho a quien la Virgen Marí­a le extendió los brazos y le permitió sostener durante un tiempo al Niño, que no dejaba de sonreí­r.

(inspirada en una historia medieval)