Narciso y el lago


(en el prólogo de “El Alquimista”)

Casi todo el mundo conoce la historia original (griega) sobre Narciso: un bello joven que todos los dí­as iba a contemplar su rostro en el lago. Estaba tan encantado consigo mismo que, cierta mañana, mientras trataba de admirarse más de cerca, cayó al agua y terminó por morir ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, que a partir de entonces se llamó narciso.

El escritor Oscar Wilde, sin embargo, hace que esta historia termine de una manera diferente.
El dice que cuando Narciso murió, vinieron las Oréades -ninfas del bosque-y vieron que el agua dulce del lago se habí­a transformado en lágrimas saladas.

-¿Por qué lloras? -preguntaron las oréades.
-Lloro por Narciso.

-Ah, no nos preocupa que llores por Narciso -continuaron ellas. -Al final de cuentas, a pesar de que todas nosotras siempre corrimos detrás de él por el bosque, tú fuiste el único que tuvo la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.

-¿Pero Narciso era bello? -quiso saber el lago.
-¿Quién mejor que tú podrí­a saberlo? -respondieron, sorprendidas, las Oréades. -Al final de cuentas, era en tus márgenes donde él se inclinaba todos los dí­as.

El lago se quedó quieto un momento. Finalmente, dijo:
-Lloro por Narciso, pero jamás habí­a notado que Narciso fuera bello.
“Lloro por él porque cada vez que él se recostaba en mis márgenes, yo podí­a ver, en el fondo de sus ojos, mi propia belleza reflejada”.

VAMOS REFLEJAR NUESTRA BELLEZA EN 2012!

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