Archives for December 15, 2012

The imperfect attracts us

Beauty exists not in sameness but in difference.

Who could imagine a giraffe without its long neck or a cactus without its spines?
The irregularity of the mountain peaks that surround us is what makes them so imposing. If we tried to make them all the same, they would no longer command our respect.

It is the imperfect that astonishes and attracts us.

When we look at a cedar tree, we don’t think: ‘The branches should be all the same length.’
We think: ‘How strong it is.’

When we see a snake, we never say: ‘He is crawling along the ground, while I am walking with head erect.’
We think: ‘He might be small, but his skin is colourful, his movements elegant, and he is more powerful than me.’

When the camel crosses the desert and takes us to the place we want to reach, we never say: ‘He’s humpbacked and has ugly teeth.’
We think: ‘He deserves my love for his loyalty and help. Without him, I would never be able to explore the world.’

A sunset is always more beautiful when it is covered with irregularly shaped clouds, because only then can it reflect the many colours out of which dreams and poetry are made.

Pity those who think: ‘I am not beautiful. That’s why Love has not knocked at my door.’
In fact, Love did knock, but when they opened the door, they weren’t prepared to welcome Love in.

They were too busy trying to make themselves beautiful first, when, in fact, they were fine as they were.
They were trying to imitate others, when Love was looking for something original.

They were trying to reflect what came from outside, forgetting that the brightest light comes from within.

Por que Deus ní£o nos ajudou

Mestre e discí­pulo caminham pelos desertos da Arábia. O Mestre aproveita cada momento da viagem para ensinar ao discí­pulo sobre a fé.

– Confie suas coisas a Deus – dizia.

– Porque Ele jamais abandona seus filhos.

De noite, ao acamparem, o Mestre pediu que o discí­pulo amarrasse os cavalos numa rocha próxima. O discí­pulo foi até a rocha, mas se lembrou do que aprendera durante aquela tarde. “O Mestre deve estar me testando. Na verdade, devo confiar os cavalos a Deus”. E deixou os cavalos soltos.

De manhí£, descobriu que os animais haviam fugido. Revoltado, procurou o Mestre.
– O senhor ní£o entende nada sobre Deus! Ontem aprendi que devia confiar cegamente na Providíªncia, entreguei a Ele a guarda dos cavalos, e os animais desapareceram!

Deus queria cuidar dos cavalos – respondeu o Mestre.

– Mas, naquele momento, Ele precisava de suas mí£os para amarrá-los, e vocíª ní£o as emprestou.

Cerrando circulos

Illustration by Ken Crane

Several times I receive via Internet some texts attributed to me, as the text below. I did not write it, but I made several changes and decided to post it here.

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes laalegrí­a y el sentido del resto. Cerrando cí­rculos, o cerrando puertas, o cerrando capí­tulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste ya a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capí­tulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardí­os, ni empleados de empresas inexistentes.¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender “tu televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentalmente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capí­tulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí­ en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos dí­as, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver.

Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el cí­rculo.