No tengo idea de adónde voy


IN ENGLISH HERE : I have no idea where I am going
EM PORTUGUES AQUI: Senhor, eu ní£o sei onde estou indo
 
 

Dios, Señor Mí­o, no tengo idea de adónde voy,
no veo el camino delante de mí­.
No puedo saber con certeza dónde terminará.

Tampoco me conozco realmente,
y el hecho de pensar que estoy siguiendo tu voluntad no significa que en realidad lo esté haciendo.
Pero creo que el deseo de agradarte, de hecho te agrada.

Y espero tener ese deseo en todo lo que hago.
Espero nunca hacer algo apartado de ese deseo.
Y sé que si hago esto me llevarás por el camino correcto,
aunque yo no sepa nada al respecto.

No tendré temor porque estás siempre conmigo,
nunca dejarás que enfrente solo mis peligros.

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en Pensamientos en Soledad por Thomas Merton

trad: Karem Molina Escobar

Cuando sea una mujer mayor, vestiré de morado


by Jenny Joseph

Cuando sea una mujer mayor, vestiré de morado,
con un sombrero rojo que ni vaya a juego ni me quede bien
y gastaré mi pensión en brandy y guantes de verano
y sandalias de raso, y diré que no me llega para mantequilla.

Me sentaré en la acera cuando esté cansada
y engulliré muestras en las tiendas y apretaré los botones de alarma.
Y pasaré mi bastón por las barandillas
y compensaré la sobriedad de mi juventud.

Saldré a la calle en zapatillas cuando llueva
y recogeré flores de los jardines de otros.
Y aprenderé a escupir.

Puedes llevar camisetas horribles y ponerte gorda,
y comer tres libras de salchichas de golpe.
O sólo pan y pepinillos durante toda la semana.
Y almacenar bolí­grafos y lápices y posavasos y cosas en cajas.

Pero ahora tenemos que tener ropa que nos mantenga secas,
y pagar la renta y no maldecir en la calle.
Y ser un buen ejemplo para los niños.
Debemos tener amigos a cenar y leer los periódicos.

Pero ¿tal vez deberí­a practicar ahora un poco?
Así­ la gente que me conoce no se extrañará ni se sorprenderá
cuando de repente sea mayor y comience a vestir de morado.

Personaje de la semana: Pilar

Solo entendemos del todo el milagro de la vida cuando dejamos que suceda lo inesperado.

Todos los dí­as Dios nos da, junto con el sol, un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices.

Todos los dí­as tratamos de fingir que no percibimos ese momento, que ese momento no existe, que hoy es igual que ayer y será igual que mañana.

Pero quien presta atención a su dí­a, descubre el instante mágico. Puede estar escondido en la hora en que metemos la llave en la puerta por la mañana, en el instante de silencio después del almuerzo, en las mil y una cosas que nos parecen iguales.

Ese momento existe: un momento en el que toda la fuerza de las estrellas pasa a través de nosotros y nos permite hacer milagros.

La felicidad es a veces una bendición, pero por lo general es una conquista.

El instante mágico del dí­a nos ayuda a cambiar, nos hace ir en busca de nuestros sueños.

Vamos a sufrir, vamos a tener momentos difí­ciles, vamos a afrontar muchas desilusiones…. pero todo es pasajero y no deja marcas. Y en el futuro podemos mirar hacia atrás con orgullo y fe.

Pobre del que tiene miedo de correr riesgos. Porque ese quizá no se decepcione nunca, ni tenga desilusiones, ni sufra como los que persiguen un sueño.

Pero al mirar hacia atrás oirá que el corazón le dice:

“¿ Qué hiciste con los milagros que Dios sembró en tus dí­as?

¿ Qué hiciste con los talentos que tu maestro te confió?

Los enterraste en el fondo de una cueva, porqué tení­as miedo de perderlos.

Entonces, ésta es tu herencia: la certeza de que has desperdiciado tu vida ”

Pobre de quien escucha estas palabras!!.

Porque entonces creerá en milagros, pero los instantes mágicos de su vida ya habrán pasado.

Pilar es la protagonista de “A ORILLAS DEL RIO PIEDRA ME SENTÉ Y LLORÉ”

Encuentro en Bokara

La historia forma parte de un cuento de John O’Hara.

Un cierto mercader persa pide a su siervo que vaya hasta el mercado a comprar algunas piezas de tela.

Al llegar a el mercado, el siervo ve su propia Muerte haciendo algunas compras en una tienda cercana; aterrorizado, vuelve corriendo hasta la casa del mercader.
“Tengo que irme de aquí­”, dice, casi llorando. “Vi mi muerte esta mañana en el mercado, y tengo que huir de ella. Partiré hoy a Bokara, mi ciudad”.

El mercader acepta el pedido del siervo, pero queda desconfiando. Va, entonces, hasta el mercado, encuentra la Muerte del siervo.
“Caramba, qué susto le dio a mi empleado”, dice él.

“Él también me dio un susto”, responde la Muerte. “Nunca esperé encontrarlo por aquí­ – tengo una cita con él en Bokara”.


Traduccion Karem Molina Escobar

El reino de este mundo


Illustration by Ken Crane

Un viejo ermitaño fue invitado cierta vez a visitar la corte del rey más poderoso de aquella época.

– Envidio a un hombre santo como tú, que se contenta con tan poco -comentó el soberano-.

– Yo envidio a Vuestra Majestad, que se contenta con menos que yo -respondió el ermitaño-.

– ¿Cómo puedes decirme esto, cuando todo el paí­s me pertenece? -dijo el rey, ofendido-,

– justamente por eso. Yo tengo la música de las esferas celestes, tengo los rí­os y las montañas del mundo entero, tengo la luna y el sol, porque tengo a Dios en mi alma.

” Vuestra Majestad, sin embargo, sólo posee este reino.”

Personaje de la semana: Maria

Maria and I, 2002

Érase una vez un pájaro, adornado con un par de alas perfectas y plumas relucientes, coloridas y maravillosas. En fin un animal hecho para volar libre e independientemente, para alegrar a quien lo observase.

Un dí­a una mujer, lo vio y se enamoro de él; se quedo mirando su vuelo con la boca abierta, de admiración con el corazón latiendo más de prisa con los ojos brillantes de emoción.
Lo invito a volar con ella y los dos volaron por el cielo en completa armoní­a,
Ella adoraba admiraba al pájaro.

Pero entonces pensó “talvez quiera conocer alguna montaña distante”. Y la mujer tubo miedo, miedo de no sentir nunca mas eso con otro pájaro.
Y sintió envidia, envidia de capacidad de volar del pájaro, y se sintió sola y pensó “voy a poner una trampa, la próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse”….

El pájaro que también estaba enamorado, volvió al dí­a siguiente y fue encerrado en la jaula.
Todo los dí­as ella lo miraba, y allí­ estaba el objeto de su pasión y se lo mostraba a sus amigas que comentaban…”eres una persona que tiene todo”.
Sin embargo empezó a producirse una extraña transformación: como tenia al pájaro no tenia que conquistarlo, fue perdiendo el interés.

El pájaro sin poder volar, se fue consumiendo, perdiendo el brillo, se puso feo, y ella ya no le prestaba atención, ecepto para alimentarlo y limpiar su jaula.
Un buen dí­a el pájaro murió. Ella se puso muy triste y no dejaba de pensar en el. Pero no lo recordaba la jaula, sino que recordaba el primer dí­a que lo habí­a visto volar contento entre las nubes.
Sin profundizarse en si misma, descubrirí­a que aquello que la emocionaba del pájaro era su libertad, no su cuerpo fí­sico.

Sin el su vida también perdió sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta
Porque has venido? – le pregunto ella a la muerte.
“Para que puedas volar de nuevo junto a el” – respondió la muerte- “si lo hubieses dejado partir y regresar al dí­a siguiente, lo amarí­as y lo admirarí­as aun mas, si embargo ahora necesitas de mi para estar junto a el…”

del diario de Maria, la prostituta en ONCE MINUTOS

En busca del lí­der perfecto

Un lector me enví­a un cuestionario. En él, presenta el perfil de tres lí­deres mundiales que vivieron en la misma época, y pregunta si es posible escoger al mejor de ellos a partir de los siguientes datos:

Candidato A: tuvo contacto con curanderos, consultaba a astrólogos con frecuencia. Tení­a dos amantes. Su mujer era lesbiana. Fumaba mucho. Bebí­a de ocho a diez martinis por dí­a.

Candidato B
: no conseguí­a mantenerse mucho en el mismo empleo debido a su arrogancia. Dormí­a hasta el mediodí­a. Fue consumidor de opio en su época de colegial, y siempre fue considerado un mal alumno. Bebí­a una copa de coñac todas las mañanas.

Candidato C
: fue condecorado como héroe. Era vegetariano. No fumaba. Tení­a una disciplina ejemplar. Bebí­a una cerveza muy de vez en cuando. Permaneció con la misma mujer en sus momentos de gloria y en sus momentos de derrota.

¿Y cuál es la respuesta?

A] Franklin Delano Roosevelt. B] Winston Churchill. C] Adolf Hitler.

¿En qué consiste entonces el liderazgo? La enciclopedia lo define como la capacidad de un individuo para motivar a otros en la consecución de un mismo objetivo. Las librerí­as están llenas de tí­tulos sobre el tema, y normalmente a los lí­deres se les pinta con colores brillantes, atributos envidiables, e ideales supremos. El lí­der es para la sociedad lo que el “maestro” es para la espiritualidad. No obstante, esto no es del todo verdad (en ambos casos).

Nuestro gran problema, principalmente en un mundo que se está volviendo cada vez más fundamentalista, es no tolerar que las personas en posiciones destacadas tengan errores humanos. Siempre estamos en busca del gobernante perfecto. Estamos siempre esperando que un pastor nos dirija y nos ayude a encontrar nuestro camino.

En realidad, las grandes revoluciones y los grandes avances de la humanidad fueron impulsados por personas iguales a nosotros.
Todo lo que necesitamos es el valor necesario para tomar una decisión clave en un momento difí­cil.

¿Qué es un guerrero de la luz?

¿Qué es un guerrero de la luz?

Los guerreros de luz guardan la chispa en sus ojos.

Todo Guerrero de la Luz ha sentido miedo de ir a la batalla.
Todo Guerrero de la Luz ha, en algún momento del pasado, mentido o traicionado a alguien.

Todo Guerrero de la Luz ha recorrido un camino que no era suyo.
Todo Guerrero de la Luz ha sufrido por las más triviales razones.

Todo Guerrero de la Luz ha, al menos una vez, creí­do que no era un Guerrero de la Luz.
Todo Guerrero de la Luz ha fallado en sus deberes espirituales.

Todo Guerrero de la Luz ha dicho «sí­» cuando querí­a decir «no».
Todo Guerrero de la Luz ha hecho daño a alguien a quien amaba.

Por eso es un Guerrero de la Luz, porque ha pasado por todo esto y sin embargo nunca ha perdido la esperanza de ser mejor de lo que es
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en EL MANUAL DEL GUERRERO DE LA LUZ

Dios en la vida real


Illustration by Ken Crane

Un pastor protestante, después de formar una familia, ya no tení­a tranquilidad para rezar. Una noche, al arrodillarse, le perturbaron los juegos de los niños en la sala.
“¡Di a los niños que se estén quietos!”,gritó.

Su mujer, asustada, le obedeció. A partir de entonces, cuando el pastor llegaba a su casa y empezaba a rezar sus oraciones, todos permanecí­an en silencio.
Pero él sentí­a que Dios ya no le escuchaba.

Una noche, en medio de la oración, preguntó al Señor: “¿qué está sucediendo? Tengo la paz necesaria pero no consigo rezar.”
Y un ángel le respondió:
“Él escucha palabras pero ya no escucha risas. Él siente la devoción pero ya no ve alegrí­a”.
El pastor se levantó y de nuevo gritó a su mujer:

“¡Di a los niños que jueguen! ¡Ellos forman parte de la oración!”
Y Dios volvió a escuchar sus palabras.

Vivir es comunicar


Illustration by Ken Crane

Una fervorosa budista se esforzaba por acrecentar su amor al prójimo.
Pero siempre que iba al mercado, un comerciante le hací­a proposiciones indecentes.

Cierta mañana lluviosa, cuando el hombre la importunó una vez más, ella perdió el control y le golpeó en la cara con el paraguas.

Esa misma tarde fue a buscar a un monje para contarle lo ocurrido.
-Estoy avergonzada- dijo. -No conseguí­ controlar mi odio.

-Desde luego, no estuvo bien eso de que sintieras odio por él- respondió el monje. – Pero vivir es comunicar nuestras emociones y sentimientos

“La próxima vez que te diga algo, llena tu corazón de bondad.

“Y vuelve a pegarle con el paraguas, pues él sólo entiende este lenguaje.”

El pino de St. Martin

Un dí­a antes de Navidad, el cura del pequeño pueblo de St. Martin, en los Pirineos franceses, se preparaba para celebrar la misa, cuando empezó a sentir en el aire un perfume delicioso. Era invierno, y hací­a mucho que las flores habí­an desaparecido, pero allí­ estaba ese aroma tan agradable, como si la primavera se estuviese adelantando.

Intrigado, salió de la iglesia para buscar el origen de semejante maravilla, y acabó encontrando a un muchacho sentado frente a la puerta de la escuela. Junto a él, habí­a una especie de árbol de Navidad completamente dorado.

– Pero, ¡qué belleza de árbol! – dijo el párroco -. ¡Con ese aroma divino que desprende, parece que ha tocado el mismí­simo cielo! ¡Y está hecho de oro puro! ¿Dónde lo conseguiste?

El joven no reaccionó con especial alegrí­a a los comentarios del religioso.

– Es cierto que este árbol, como usted lo llama, cada vez ha ido pesando más mientras lo cargaba hasta aquí­ caminando, y que las hojas se han puesto duras. Pero eso no puede ser oro, y me da miedo pensar en lo que dirán mis padres cuando vean lo que les traigo.

El muchacho relató entonces su historia:

– Hoy por la mañana salí­ hacia la gran ciudad de Tarbes para comprar un árbol de Navidad con el dinero que mi madre me habí­a dado. Pero ocurrió que, al cruzar un poblado, vi a una señora mayor, sola, sin familia con quien celebrar la gran fiesta de la Cristiandad, y le di un poco de dinero para la cena, confiado en que luego sabrí­a arrancarle un descuento al vendedor de la floristerí­a.

»Al llegar a Tarbes, pasé frente a la gran prisión, y habí­a allí­ algunas personas esperando la hora de la visita. Estaban todos tristes, pues iban a pasar esa noche lejos de sus seres queridos. Escuché que algunas de estas personas comentaban que ni siquiera habí­an conseguido comprar un pedazo de tarta. En ese mismo momento, impulsado por ese romanticismo que tienen los de mi edad, decidí­ compartir mi dinero con esas personas que lo necesitaban más que yo. Apenas guardarí­a una mí­nima cantidad para el almuerzo. Como el florista es amigo de mi familia, seguro que me darí­a el árbol, a cambio de que yo trabajase para él durante la semana siguiente, pagando así­ mi deuda.

»Sin embargo, cuando llegué al mercado me enteré de que el florista que conocí­a no habí­a ido a trabajar. Intenté por todos los medios que alguien me prestase dinero para comprar el árbol en otro lugar, pero fue imposible.

»Me dije a mí­ mismo que conseguirí­a pensar mejor con el estómago lleno, así­ que me dirigí­ a una fonda, pero se me cruzó un niño que parecí­a extranjero y me preguntó si podí­a darle alguna moneda, pues llevaba dos dí­as sin comer. Imaginando que el niño Jesús alguna vez también debió pasar hambre, le entregué a este otro lo poco que me quedaba, y me volví­ para casa. En el camino de regreso, le rompí­ una rama a un pino, y luego intenté retocarla, como podándola, pero fue poniéndose así­ de dura, que parece de metal, y no se parece ni de lejos al árbol de Navidad que mi madre está esperando.

– Pequeño amigo – dijo el cura “”, el perfume de este árbol tuyo no deja lugar a dudas: ha sido tocado por los Cielos. Déjame contarte lo que falta de tu historia:

»En cuanto te alejaste de aquella señora, ella inmediatamente pidió a la Virgen Marí­a, madre como ella, que te devolviese de alguna manera el favor recibido. Los familiares de los presos pensaron que se habí­an encontrado con un ángel, y rezaron agradeciéndoles a los ángeles las tartas que consiguieron comprar. Y el niño con el que te cruzaste, por su parte, le dio las gracias a Jesús por haber saciado su hambre.

»La Virgen, los ángeles, y el propio Jesús escucharon las peticiones de toda la gente a la que ayudaste. Cuando rompiste la rama del pino, la Virgen puso en ella el perfume de la misericordia. Mientras caminabas, los ángeles iban tocando sus hojas, transformándolas en oro. Por último, con todo ya concluido, Jesús examinó el trabajo, lo bendijo, y a partir de ahora, a quien toque este árbol de Navidad se le perdonarán los pecados y se le cumplirán los deseos.

Y así­ ocurrió. Cuenta la leyenda que el pino sagrado aún se encuentra en St. Martin; pero su poder es tal que su bendición alcanza a todos los que ayudan al prójimo en la ví­spera de la Navidad, por muy lejos que se encuentren de este pequeño pueblo de los Pirineos.

(inspirado en una historia jasí­dica)

De la utilidad


Illustration by Ken Crane

Jean paseaba con su abuelo por una plaza de Parí­s.
A determinada altura, vieron a un zapatero siendo maltratado por un cliente, cuyo calzado presentaba un defecto.
El zapatero escuchó calmadamente el reclamo, pidió disculpas y prometió arreglar el error.

Pararon a tomar un café en un bistró.
En la mesa de al lado, el mozo le pidió a un hombre, con apariencia de importante, moviese un poco la silla, para abrir espacio.
El hombre irrumpió con un torrente de quejas, y se negó.

“¡Nunca olvides lo que viste!”, dijo el abuelo. “El zapatero aceptó un reclamo, mientras que este hombre a nuestro lado no quiso moverse. Los hombres útiles, se preocupan con criticas.

“Pero los inútiles siempre se juzgan importantes, y esconden toda su incompetencia detrás de la autoridad”.

Los dos monjes

Cuenta una conocida historia japonesa que dos monjes, Tanzan y Ekido, quienes, cuando regresaban a su monasterio, les agarró una lluvia torrencial.

Al cabo de un rato, vieron que una mujer joven, vestida con un precioso kimono de seda, vacilaba en cruzar un pequeño torrente que bajaba de la montaña y habí­a inundado por completo el camino.
Tanzán acudió en su ayuda, la cargó en sus brazos, atravesó la corriente y la dejó sana y salva al otro lado del camino . Ekido permaneció en silencio, visiblemente molesto, durante todo el resto del camino.

Por fin, cuando ya llegaban a la puerta del monasterio, Ekido soltó con ira toda su queja:
-Se supone que los monjes no deben tocar a las mujeres, mucho más si son bellas y jóvenes como la que tú cargaste sobre el agua. No sé cómo pudiste cometer una falta tan grave…

Su queja y sus palabras sorprendieron a Tanzan que se habí­a olvidado por completo del incidente. Miró fí­jamente a los ojos de Ekido y le dijo:

-Mira, yo dejé a la mujer allá al otro lado del camino cubierto por el agua. Pero parece que tú todaví­a la sigues cargando.

Puercoespí­nes


Illustration by Ken Crane

Durante la era glacial, muchos animales morí­an por causa del frí­o.

Los puercoespines, percibiendo la situación, resolvieron juntarse en grupos, así­ se abrigaban y se protegí­an mutuamente, más las espinas de cada uno herí­an a los compañeros más próximos, justamente los que ofrecí­an más calor.

Por eso decidieron alejarse unos de otros y comenzaron de nuevo a morir congelados.

Entonces precisaron hacer una elección: o desaparecí­an de la Tierra o aceptaban las espinas de los compañeros.
Con sabidurí­a, decidieron volver a estar juntos.

Aprendieron así­ a convivir con las pequeñas heridas que la relación con un semejante muy próximo puede causar, ya que lo más importante era el calor del otro.

Y así­ sobrevivieron.

Las cuatro fuerzas

El religioso Alan Jones dice que, para construir nuestra alma, nos son necesarias las Cuatro Fuerzas Invisibles: el amor, la muerte, el poder, y el tiempo. Es necesario amar, porque somos amados por Dios. Es necesaria la conciencia de la muerte, para entender bien la vida. Es necesario luchar para crecer; pero sin caer en la trampa del poder que conseguimos con esto, porque sabemos que no vale nada. Por último, es necesario aceptar que nuestra alma, aun siendo eterna, se encuentra en este momento atrapada en la tela de araña del tiempo, con sus oportunidades y limitaciones.

Primera fuerza: el amor

La esposa del rabino Iaakov viví­a rebuscando motivos para discutir con su marido. Iaakov nunca respondí­a a las provocaciones.

Hasta que, durante una cena con unos amigos, el rabino terminó discutiendo ferozmente con su mujer, sorprendiendo a todos los comensales.

-Pero, ¿que ha ocurrido? -le preguntaron – ¿Por qué no has seguido tu costumbre de no responder?

-Porque por fin me he dado cuenta de que lo que más irritaba a mi mujer era que me quedara en silencio. Actuando de esta manera, me estaba manteniendo distante de sus emociones.

»Mi reacción ha sido un acto de amor, y así­ he conseguido que entendiera que yo estaba escuchando sus palabras.

Segunda fuerza: la muerte

Nada más morir, Juan se vio en un bellí­simo lugar, rodeado por las comodidades y por la belleza con las que siempre habí­a soñado. Un individuo vestido de blanco se le aproximó:

-Tiene usted derecho a todo lo que desee.

Encantado, Juan hizo todo lo que habí­a deseado en vida. Tras muchos años de placeres, buscó al tipo de blanco. Le dijo que ya lo habí­a probado todo, y que ahora necesitaba trabajar un poco para sentirse útil.

-Esa es la única cosa que no puedo conseguir – dijo el de blanco.

-¡Voy a pasar la eternidad muriéndome de aburrimiento! ¡Preferirí­a mil veces estar en el infierno!

-¿Y dónde piensa usted que se encuentra?

Tercera fuerza: el poder

-He pasado la mayor parte del dí­a pensando lo que no deberí­a pensar, deseando lo que no deberí­a desear, haciendo planes que no deberí­a hacer.

El maestro señaló a una planta y le preguntó al discí­pulo si sabí­a lo que era.

-Belladona. Puede matar a quien se come sus hojas.

-Pero no puede matar a quien simplemente la contempla. De la misma forma, los deseos negativos no pueden causar ningún mal, si no te dejas seducir por ellos.

Cuarta fuerza: el tiempo

Un carpintero y sus auxiliares viajaban por la provincia de Ki, en busca de material para construcciones, Vieron un árbol tan gigantesco que cinco hombres tomados de las manos no conseguí­an rodearlo, y su copa era tan alta que casi tocaba las nubes.

– No perderemos nuestro tiempo con este árbol – dijo el maestro carpintero. Tardarí­amos demasiado en cortarlo. Si quisiéramos hacer un barco, se hundirí­a por causa de lo pesado que es su tronco. Si quisiéramos usarlo para la estructura de un techo, las paredes tendrí­an que ser exageradamente resistentes.

El grupo siguió adelante. Uno de los aprendices comentó:

– ¡Es un árbol tan grande y no sirve para nada!

– Estás equivocado – dijo el maestro carpintero. Él ha seguido su destino a su manera. Si fuese igual a los demás, nosotros ya lo habrí­amos cortado. Pero porque tuvo el coraje de ser diferente, permanecerá vivo y fuerte mucho tiempo.

Te perdono porque te amo y no me amas

EM PORTUGUES AQUI: Oraí§í£o do Perdí£o
IN ENGLISH HERE: Prayer of Forgiveness (ALEPH)


Hilal and I, 2006

extracto del libro ALEPH

– Recuerdas el Aleph. Recuerdas lo que sentí­as en ese momento. Las explicaciones y las respuestas no serán suficientes. Confundirán aún más lo que ya es bastante complejo. Simplemente perdóname.

– No sé por qué tengo que perdonar al hombre que amo.

Hilal busca inspiración en las paredes de oro, las columnas, la gente que viene a esta hora de la mañana, las llamas de las velas encendidas.
– Perdono a la chica que fuí­, no porque quiera ser una santa, sino porque no quiero soportar este odio. Este odio pesado.

Esto no era lo que yo esperaba.
– No puedes perdonar a todos y todo, pero perdóname.
– Perdono todo y a todos. Te perdono porque te amo y no me amas. Te perdono porque me rechazas y pierdo mi poder.

Ella cierra los ojos y levanta sus manos hacia el techo.

– Estoy liberado del odio por medio del perdón y el amor. Entiendo que el sufrimiento, cuando no puede ser evitado, me ayuda a avanzar hacia la gloria.

Hilal habla en voz baja, pero la acústica de la iglesia es tan perfecta que todo lo que dice parece hacer eco a lo largo de las cuatro esquinas. Pero mi experiencia me dice que está canalizando el espí­ritu de un niño.

Las lágrimas que derramé, yo perdono.
El sufrimiento y las decepciones, yo perdono.
Las traiciones y mentiras, yo perdono.
Las calumnias y las intrigas, yo perdono.
El odio y la persecución, yo perdono.
Los golpes que me dieron, yo perdono.
Los sueños rotos, yo perdono.
Las esperanzas muertas, yo perdono.
El desamor y la envidia, yo perdono.
La indiferencia y la mala voluntad, yo perdono.
La injusticia en el nombre de la justicia, yo perdono.
La ira y el maltrato, yo perdono.
El abandono y el olvido, yo perdono.
El mundo con toda su maldad, yo perdono.

Ella baja los brazos, abre los ojos y coloca sus manos en su rostro.
Me acerco a besarla, pero ella hace una señal con las manos.
– No he terminado todaví­a.
Ella cierra sus ojos y mira hacia arriba.

La pena y el resentimiento, los sustituyo con comprensión y entendimiento.
La rebeldí­a, la sustituyo con la música que sale de mi violí­n.
El dolor lo sustituyo con olvido.
La venganza, la sustituyo con victoria.

Seré capaz de amar por encima del desamor.
Dar incluso cuando estoy despojada de todo.
Trabajar feliz incluso cuando estoy en medio de todos los obstáculos.
Secar las lágrimas, incluso cuando aún estoy llorando.
Creer incluso cuando estoy desacreditada.

Ella abre los ojos, pone sus manos sobre mi cabeza y dice con la autoridad que viene de arriba:

– Hágase tu voluntad. Hágase tu voluntad.

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ALEPH ESTá PUBLICADO EN MEXICO, ESPANA Y TODOS LOS PAíSES DE LATINOAMERICA, CENTROAMERICA
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(traduccion: Karem Molina )

El discí­pulo borracho


Illustration by Ken Crane

Un maestro zen tení­a centenas de discí­pulos. Todos rezaban cuando habí­a que hacerlo, excepto uno, que se pasaba el dí­a borracho.

El maestro fue envejeciendo. Algunos de los discí­pulos más virtuosos comenzaron a discutir quién serí­a el nuevo lí­der del grupo, quién acogerí­a los importantes secretos de la Tradición.

En la ví­spera de su muerte, sin embargo, el maestro llamó al discí­pulo borracho y le transmitió a él los secretos ocultos.

Un auténtico sentimiento de rebelión se apoderó de todos los demás.

-¡Qué vergüenza! – gritaban por las calles -. Todo este tiempo nos sacrificamos por un maestro equivocado, que no sabe valorar nuestras cualidades.

Escuchando la algarabí­a que habí­a fuera, el maestro agonizante comentó:

-Yo necesitaba transmitir estos secretos a un hombre que conociese bien. Todos mis alumnos eran muy virtuosos, y sólo mostraban sus cualidades. Eso es peligroso, pues la virtud en muchas ocasiones sirve para esconder la vanidad, el orgullo, o la intolerancia.

Por eso elegí­ al único discí­pulo que conocí­a realmente bien, puesto que podí­a ver su debilidad: la bebida.

Matisse y Renoir


painting by Pierre-August Renoir

Desde joven, el pintor Henri Matisse acostumbraba visitar semanalmente al gran Renoir en su atelier.
Cuando Renoir fue atacado por la artritis, Matisse comenzó a visitarlo a diario llevándole alimentos, pinceles, pinturas, pero siempre tratando de convencer al maestro de que estaba trabajando demasiado, y que necesitaba descansar un poco.

Cierto dí­a, notando que cada pincelada hací­a que Renoir gimiera de dolor, Matisse no pudo contenerse:

– Gran maestro, su obra ya es vasta e importante. ¿Por qué continúa torturándose de esta manera?

– Muy simple -respondió Renoir. – La belleza permanece; el dolor termina pasando.

Tus manos


Illustration by Ken Crane

Maestro y discí­pulo caminan por los desiertos de Arabia. El Maestro aprovecha cada momento del viaje para enseñar al discí­pulo acerca de la fe.
– Confí­a lo tuyo a Dios -decí­a-. Pues Él jamás abandona a sus hijos.

De noche, al acampar, el Maestro le pidió al discí­pulo que atase los caballos a una roca cercana.
El discí­pulo fue a la roca, pero entonces recordó lo que habí­a aprendido aquella tarde.
“El Maestro debe de estar poniéndome a prueba. En realidad, debo confiar los caballos a Dios.”
Y dejó sueltos a los caballos.

A la mañana siguiente, descubrió que los animales se habí­an escapado. Furioso, buscó al Maestro.
-¡Tú no sabes nada de Dios! Ayer aprendí­ que debí­a confiar ciegamente en la Providencia, así­ que entregué los caballos a Dios para que los cuidara. ¡Pero han desaparecido!

-Dios querí­a cuidar de los caballos -respondió el Maestro-. Pero, en aquel momento, necesitaba de tus manos para atarlos, y tú no se las prestaste.

La duda

Cuenta Sri Ramakrisna que un hombre se aprestaba a cruzar un rí­o cuando el maestro Bibhishana se aproximó, escribió un nombre en una hoja, la ató a la espalda del hombre y le dijo:

– No tengas miedo. Tu fe te ayudará a caminar sobre las aguas. Pero en el instante en que pierdas la fe, te ahogarás.

El hombre confió en Bibhishana y comenzó a caminar sobre las aguas, sin ninguna dificultad, A cierta altura, no obstante, sintió un inmenso deseo de saber lo que su maestro habí­a escrito en la hoja atada a sus espaldas.

La cogió y leyó lo que estaba escrito:

“¡Oh, dios Rama, ayuda a este hombre a cruzar el rí­o”

“¿Sólo esto?”, pensó el hombre. “¿Quien es este dios Rama, al fin y al cabo?”

En el momento en que la duda se instaló en su mente él se sumergió y se ahogó en la corriente.