Veinte años después: Leyendas del Camino

Recorriendo en 2006 el Camino de Santiago de Compostela, veinte años después de mi primera (y única) peregrinación a pie, recuerdo algunas de las historias que vamos aprendiendo mientras andamos. Para cada uno de los temas abajo hay muchas versiones, pero seleccioné las que considero más interesantes.

El nacimiento de la ciudad

Una de las muchas leyendas cuenta que el apóstol Tiago fue hasta la provincia romana de Hispania para llevar el evangelio. Más tarde, regresa a Jerusalén, donde es decapitado.

Dos de sus discí­pulos, Atanasio y Teodoro, colocan sus restos mortales en un barco sin timón, y parten en dirección al mar revuelto, siendo guiados apenas por las corrientes marí­timas. Terminan llegando al mismo lugar donde antes Tiago estuviera predicando la palabra de Jesús. Los discí­pulos entierran su cuerpo allí­.

El tiempo pasa, hasta que un pastor, llamado Pelayo, ve durante muchos dí­as una lluvia de estrellas en un campo. Guiado por esta lluvia, encuentra ruinas de tres tumbas – de Tiago y de sus dos discí­pulos. El rey Alfonso II manda erigir una capilla en el local, “Campus Stellae” (Campo de la Estrella), y las peregrinaciones empiezan. El nombre latino va cambiando poco a poco hasta transformarse en Compostela.

La concha como sí­mbolo

El dí­a en que los restos mortales de Tiago llegaban a Galicia, una fuerte tempestad amenazaba aplastarlo contra las piedras de la costa.

Un hombre que pasaba viendo aquello, entró en el mar con su caballo para tratar de ayudar a los navegantes; no obstante, él también es ví­ctima de la furia de los elementos y comienza a ahogarse. Creyendo que todo estaba perdido, pide a los cielos que tengan piedad de su alma.

En ese momento, la tempestad se calmó, y tanto el barco como el caballero fueron gentilmente conducidos para una playa. Allí­, los discí­pulos Atanasio y Teodoro, notaron que el caballo estaba cubierto de un tipo de concha, conocida también como “vieira”.

En homenaje al gesto heroico, esta concha pasa a ser el sí­mbolo des camino y puede ser encontrada en edificios a lo largo de la ruta, en los puentes, en los monumentos y sobretodo en las mochilas de los peregrinos.

Tratando de engañar el destino

En su camino hacia Galicia, durante la Reconquista (guerras religiosas que terminaran con los españoles expulsando a los árabes de la Pení­nsula Ibérica), el emperador Carlos Magno enfrenta las tropas de un traidor cerca de Monjardin. Antes de la batalla, reza para Santiago, que le revela el nombre de 140 soldados que irán a morir en la lucha. Carlos Magno deja estos hombres en el campamento y parte para el combate.

Al final de aquella tarde, victorioso y sin una única baja en su ejército, vuelve y descubre que el campamento habí­a sido incendiado, y los 140 hombres estaban muertos.

El portal de la Gloria

Al llegar a Santiago de Compostela, el caminante debe obedecer una serie de rituales, entre ellos colocar la mano en un bellí­simo pórtico en la puerta principal de la iglesia. Cuenta la leyenda que tal obra de arte fue encomendada por el rey Fernando II en el año 1187 a un artesano llamado Mateus.

Durante años, él trabajó el mármol, esculpiendo inclusive su propia figura, de rodillas, en la parte de atrás de la columna central.

Cunado Mateus terminó su obra, los habitantes de la ciudad resolvieron perforarle los ojos, para que jamás pudiese repetir tal maravilla en ningún otro lugar des mundo.

El próximo texto en lí­nea : 03.05.06