Veinte años después: Odessa es así­

Catalina la Grande, de Rusia, recibe en pleno invierno algunas cajas de naranjas recién cosechadas. Un billete dice que vinieron de un puerto lejano, parte de su imperio. “Vea de lo que somos capaces: pero necesitamos de su ayuda para crecer.” Impresionada, la emperatriz de todas las Rusias, manda una cantidad enorme de dinero, para que el tal puerto pueda desarrollarse más todaví­a.

La verdad es que las naranjas habí­an sido traí­das de otros paí­ses, a través del Mar Negro. Sin decir mentiras, el billete para la emperatriz, tampoco explicaba toda la verdad. Pero, como vine a aprender ni bien desembarqué allí­, continuando los 90 dí­as que me propuse de peregrinación por el mundo sin destino definido, la frase más oí­da en la ciudad es: “Odesa es así­”

Cuando resolví­ viajar, sabí­a que precisaba de por lo menos un compromiso oficial por semana. Eso me ayudarí­a a resistir la tentación de interrumpir el camino por la mitad y volver para Brasil antes de la hora. En este caso, acepté venir a Ucrania por invitación del gobierno, para el foro sobre los 20 años del desastre atómico de Chernobyl. El evento durarí­a apenas una tarde y el viento estaba llevándome para Ucrania, por lo tanto decidí­ quedarme una semana más allí­. Cuando me preguntaron que deseaba hacer, expliqué que estaba teniendo encuentros “sorpresa” con mis lectores, normalmente avisando con apenas dos o tres dí­as de anticipación. Dónde serí­a el tal encuentro?

– Odesa – respondi.

Todos parecieron muy sorprendidos. Por qué Odesa? Contesto que conocí­ Sergey Kostin, que tuvo un proyecto seleccionado por la Fundación Schwab (de la cual soy miembro del directorio). En los encuentros en Davos (la fundación está ligada al Foro Económico Mundial) yo me sentí­a impresionado con aquel ucraniano que, sin hablar inglés, conseguí­a mostrar su proyecto y sensibilizar a los hombres de negocios que frecuentan Davos. Sergey insistí­a en que yo debí­a conocer su ciudad; como estaba siendo guiado por impulsos y señales, creí­ que habí­a llegado la hora. Manteniendo la tradición que habí­a empezado en Puente la Reina, pedí­ al librero local que organizase una fiesta/noche de autógrafos, para 50 lectores elegidos a través de sorteo.

Um amigo nos prestó su avión. Cuando desembarcamos, mi representante en Rusia me pidió para ver la tal invitación de la fiesta, y certificarse que estaba todo bien. Veo sus ojos de espanto.

– Pero no tiene fecha, ni local ni hora!

– Odesa es así­ – responde el librero. – Los que recibirán la invitación telefonearán 3 horas antes y recibirán las informaciones necesarias. Si supiesen antes, tendremos muchas entradas falsificadas.

Creemos que no irá nadie, pero le pido a Natasha, que no se preocupe, no tenemos ninguna expectativa, es parte de la aventura. Visito la escalinata donde sucede la escena mas fuerte de la pelí­cula “Acorazado Potemkim”, de Eisenstein. La fiesta es un éxito, aunque, como Odesa es así­, realmente aparece mucha más gente de la esperada. El librero me presenta a un hombre gigantesco, a quien le gustarí­a hacer mi escultura.

Ya recibí­ este tipo de propuesta. Jamás acepté porque sé lo que significa quedarse dí­as posando, y pretendo volver para Kiev al dí­a siguiente. Pero el librero insiste

– Apenas una hora. Odesa es así­.

Es la Pascua Ortodoxa, un dí­a importante para la cristiandad. Siento que debo aceptar apenas para darle el placer, no podré quedarme más de una hora, viajamos enseguida para Kiev. Voy a su estudio con algunos amigos. Alexander Petrovich Tokarev, ese es el nombre del escultor, dice que pasó la a noche en claro rezando en la iglesia, (una costumbre ortodoxa). Aún sin dormir, comienza el trabajo. Yo estoy un poco ansioso: conseguirá algo en tan poco tiempo? Está sudando a mares, sus manos no paran, pero sus movimientos son precisos, una especie de ballet espiritual. Me quedo mirando sus trabajos a mi alrededor, su genialidad y su talento. Entiendo su amor, y su capacidad de realizar cosas que aparentemente son imposibles. Allí­, una vez más, me fue recordado que cuando se desea algo, todo el Universo conspira a favor.

Al final de una hora la escultura está lista. Pero porqué debo sorprenderme? Odesa es así­!

(*)Las fotos del trabajo pueden ser vistas clicando en Galeria de Fotos

Próximo texto: 19.05.06.

P.S: Caro lector,

En este camino que me está llenando el espí­ritu con experiencias interesantí­simas, uno de los momentos más mágicos es cuando, durante la noche, puedo leer sus cometarios en el blog. Mismo que no pueda responder a todos, quiero que sepan que es muy importante para mi saber que no estoy solo en este camino. Muchas gracias por su soporte y por las palabras e ideas que seguirán grabadas en mí­ corazón.

Paulo Coelho