Veinte años después: seamos honestos

Después de pasar cinco dí­as especiales en Sofí­a, capital de Bulgaria, entro por primera vez en un avión de Bulgaria Air, que me llevará al próximo destino de este viaje sin (muchos) planes, que hago en homenaje a los 20 años de mi peregrinación por el Camino de Santiago.

Como es prohibido prender el ordenador antes y durante el despegue, paseo mis ojos distraí­damente por la revista de a bordo. Como en todas las revistas de las compañí­as aéreas, sé que allí­ deben estar describiendo las maravillas del paí­s y no tengo mucho interés en el asunto porque mi visita fue óptima, no necesito que nadie me diga como el lugar es maravilloso. Hace años durante el durí­simo régimen comunista, cuando nadie podí­a visitar el lugar, un escritor brasileño escribió un libro poniendo en cuestión la propia existencia de Bulgaria: según él, jamás habí­a conocido a una sola persona que hubiese venido hasta aquí­. De esta manera, quien sabe, todo no pasaba de una gran conspiración para hacernos creer en una realidad inexistente? Es evidente que el libro es extremadamente bien humorado, sin ninguna crí­tica a los búlgaros, pero explotando el hecho de que el imaginario colectivo, algunas veces, puede ser manipulado.

Estoy pensando en este escritor, cuando leo la revista de a bordo, en las páginas donde normalmente se encuentran consejos a respecto de hoteles, restaurantes, procedimientos de embarque, algo que me deja fascinado y sorprendido:

A] Caminar por el centro de Sofí­a, significa enfrentarse con coches estacionados en el cordón de la vereda, gente bocinando en sus oí­dos, perros sueltos, agujeros que surgen sin cualquier aviso.

B] Si quiere entrar en un ómnibus, recuerde que la puerta es pequeña y hay una gran posibilidad de golpearse contra el batiente. Tire una moneda de 1 lev (moneda local) en la falda del chofer, grite donde desea bajarse y sepa que ni siempre los ómnibus van a respetar las paradas. No pierda su buen humor por causa de eso.

C] Para conducir, lleve en consideración todos los itens siguientes: su registro de conductor, pasaporte, nervios de acero inoxidable, ojos que no pueden parpadear en ningún momento, señales de tránsito que se parecen con jeroglí­ficos Bulgaria usa alfabeto cirí­lico), motoristas desvariados.

D] Al parar en un semáforo, esté listo para ver su coche cercado por una multitud de niños dispuestos a limpiar su para-brisas: sea firme, no acepte!

E] Los guardias de tránsito son extremadamente venales (está escrito: “prodigiously venal”!) y están de ojo en usted. Compórtese como un santo, no se estrese, a no ser que desee pagar una “multa en la hora”, lo que nada más es que un tipo de corrupción.

F] Bulgaria tiene un alto í­ndice de criminalidad, pero por favor, relaje! Usted estará tan seguro, o inseguro, como en New York, Londres, Paris o cualquier otra ciudad.

G] La iluminación es pésima durante la noche.

H] Los comerciantes nunca tienen cambio. Pida en su hotel billetes chicos o se estará arriesgando a quedarse esperando por el vendedor que fue hasta lo de un vecino o al banco más cercano, para conseguir cambio.

I] Volvamos al ómnibus: existen algunos que tienen una máquina asustadora en la entrada, y usted necesita descubrir en la hora como conseguir sacar su ticket de allí­. Recuerde que en cualquier lugar del mundo el transporte público es pago. Es evidente que hay grandes chances de ver, durante el recorrido, inspectores entrando y pidiendo los billetes a los pasajeros, la gran mayorí­a no los tendrá, habrá una discusión y serán obligado a pagar una multa. Ya que usted superó todos los problemas y compró el suyo, vea estas peleas sin miedo.

Seamos honestos: casi todas las grandes ciudades del mundo tienen la mayorí­a de estos problemas (ese del ticket, por ejemplo, yo lo viví­ en Amsterdan), pero por primera vez una compañí­a aérea habla abiertamente sobre ellos. Felicitaciones por el coraje que me hace amar más todaví­a, al paí­s y a su pueblo.

Próximo texto: 26.05.06.

P.S: Caro lector,

En este camino que me está llenando el espí­ritu con experiencias interesantí­simas, uno de los momentos más mágicos es cuando, durante la noche, puedo leer sus cometarios en el blog. Mismo que no pueda responder a todos, quiero que sepan que es muy importante para mi saber que no estoy solo en este camino. Muchas gracias por su soporte y por las palabras e ideas que seguirán grabadas en mí­ corazón.

Paulo Coelho