Edición nº 169 : Gracias, presidente Bush

Escribí­ la carta que viene más abajo el 9 de marzo de 2003, diez dí­as antes de la invasión de Irak. Es el texto de mi autorí­a que más se ha leí­do hasta hoy: publicado en los periódicos más importantes del planeta, y transmitido en cadenas a través de internet, llegó a ser leí­do por cerca de quinientos millones de personas.

La guerra acaba de sobrepasar los cinco años de duración: más de 4.000 soldados americanos han perdido la vida, junto a un número indeterminado de iraquí­es. Según la CNN (24/03/2008), “se estima que el número de muertes del lado iraquí­ oscila entre 80.000 y varios cientos de miles, a los que hay que añadir como ví­ctimas a dos millones de personas que se vieron obligadas a abandonar el paí­s, y a otros dos millones y medio que se encuentran en campos de refugiados, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas”.

Gran parte de las personas que citaba ya salieron de escena, pero la guerra continúa. No existe, por el momento, ninguna luz al final del túnel. Copio a continuación algunos trechos:

 

Gracias, gran lí­der George W. Bush.

Gracias por mostrar a todo el mundo el peligro que Saddam Hussein representa. Era posible que muchos de nosotros hubiésemos olvidado que empleó armas quí­micas contra su propio pueblo, contra los kurdos, y contra los iraní­es. Hussein es un dictador sanguinario, una de las más claras manifestaciones del mal en nuestros dí­as.

Sin embargo, esa no es la única razón por la que le estoy dando las gracias. Durante los dos primeros meses de 2003, usted logró mostrar muchas cosas importantes al mundo. Por eso, recordando un poema que aprendí­ en mi infancia, quiero decirle: gracias.

Gracias por revelar al mundo el gigantesco abismo que media entre las decisiones de los gobernantes y los deseos del pueblo. Por dejar claro que tanto José Marí­a Aznar como Tony Blair no dan ninguna importancia y no les guardan el más mí­nimo respeto a los votos que recibieron. Aznar consigue ignorar que el 90% de los españoles se opone a esta guerra, y Blair no le da importancia a la mayor manifestación pública que ha habido en Inglaterra en los últimos treinta años.

Gracias, porque su perseverancia forzó a Blair a presentarse ante el Parlamento con un dossier falsificado, escrito por un estudiante hace diez años, y a mostrarlo como “pruebas contundentes obtenidas por los servicios secretos británicos”.

Gracias porque, como consecuencia de sus esfuerzos por impulsar la guerra, por primera vez las naciones árabes, generalmente divididas, fueron unánimes condenando una invasión, durante el encuentro de El Cairo.

Gracias porque, debido a su retórica afirmando que “la ONU tiene una oportunidad de mostrar su relevancia”, incluso los paí­ses más descreí­dos acabaron adoptando una posición contraria al ataque.

Gracias por intentar dividir a una Europa que lucha por su unificación; eso servirá como una alerta que no será ignorada.

Gracias por haber logrado lo que pocos han conseguido en este siglo: unir a millones de personas, en todos los continentes, luchando por la misma idea, aunque esa idea sea la opuesta a la que usted sostiene.

Gracias porque, sin usted, no habrí­amos conocido nuestra capacidad de movilización. Tal vez no nos sirva para nada en el presente, pero nos será útil más adelante. Ahora que los tambores de guerra parecen sonar de manera irreversible, quiero hacer mí­as las palabras que un antiguo rey europeo dirigió a un invasor: “Que tu mañana sea hermosa, y que el sol brille en las armaduras de tus soldados, porque esta misma tarde yo te derrotar锝.

Por lo tanto, aproveche su mañana y lo que ésta aún puede traerle de gloria.

Gracias por no escucharnos ni tomarnos en serio. Pero ha de saber que nosotros sí­ lo escuchamos y no olvidaremos sus palabras.

Gracias, gran lí­der George W. Bush.

Muchas gracias.

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