Edición nº 183 – Quinta virtud cardinal: justicia

Según el diccionario: del latí­n iustitia. Sustantivo femenino. Conformidad con el derecho; acto de darle a cada uno lo que le pertenece; equidad; conjunto de magistrados y de las personas que colaboran con ellos.

Según Jesucristo: Habéis oí­do que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra (Mt 5: 38-39).

En otro pasaje del Evangelio: Entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendí­an y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas. (Mt 21: 12)

Según Bankei: durante una de las clases del maestro zen Bankei, un alumno fue descubierto robando. Todos los alumnos pidieron la expulsión del alumno, pero Bankei no hizo nada. A la semana siguiente, el mismo alumno volvió a robar. Irritados, los demás exigieron que el ladrón fuera castigado.

-Hay que ver lo sabios que sois -dijo Bankei-. Sabéis lo que es correcto y lo que está equivocado, por lo que podéis estudiar en cualquier otro lugar. Pero este pobre hermano, que no sabe diferenciar lo que está bien de lo que está mal, sólo me tiene a mí­ para que le enseñe. Y voy a continuar haciéndolo.

Un torrente de lágrimas purificó el rostro del ladrón. El deseo de robar habí­a desaparecido.

Carta de un condenado a muerte: El corredor de la muerte es el lugar en el que las polí­ticas del Poder, la Retribución, y la Violencia, se aplican a un hombre usando [materiales como] el cemento y el acero… hasta que este hombre se transforma en acero, y su corazón llega a ser tan duro como el cemento. Sin embargo, aunque el acero pueda ser duro, aún puede ser flexible, y aunque el corazón se haya transformado en cemento, todaví­a es capaz de latir. (Justin Fuller, ejecutado en Texas en 24/08/2006).

En los tiempos de la Inquisición española: en el siglo XV, los inquisidores iban de ciudad en ciudad reuniendo a los habitantes en la plaza principal y, después de pronunciar un sermón, escogí­an al azar a seis o siete personas que eran después interrogadas sobre la vida de los vecinos. En todos los casos, estas personas siempre acusaban a alguien, con miedo de que se les considerara herejes.

En la aplicación de la justicia: “¡El infierno es Irak!” (respuesta de Sadam Hussein, cuando uno de sus verdugos le espetó “¡Vete al infierno!”, 29/12/2006).

En la ceremonia del té: Vemos la maldad en los otros porque conocemos la maldad a través de nuestro comportamiento. Nunca perdonamos a los que nos hieren porque pensamos que nosotros nunca serí­amos perdonados. Le decimos al prójimo la verdad dolorosa porque queremos esconderla de nosotros mismos. Nos refugiamos en el orgullo para que nadie pueda ver nuestra fragilidad. Por eso, siempre que estés juzgando a tu hermano, sé consciente de que eres tú quien está sentado en el banco de los acusados. (Okakura Kakuso, El libro del té, 1904).

En busca de pruebas: A pesar de su ineficacia como método de investigación o como prueba, la tortura fue durante siglos el método jurí­dico habitual para descubrir la verdad de los hechos. (Paulo Sérgio Pinheiro, profesor titular de Ciencias Polí­ticas).

Según el tutor del rey de Persia: Cuando era pequeño, Cosroes (más tarde Cosroes I) tení­a un maestro tan bueno, que le hací­a obtener resultados brillantes en todas las disciplinas que le enseñaba. Cierta tarde, el maestro, aparentemente sin motivo alguno, lo castigó con gran severidad.

Años después, Cosroes subió al trono. Una de las primeras medidas que tomó fue ordenar que le trajeran ante su presencia al maestro de su infancia para exigirle una explicación por aquella injusticia de antaño.

-¿Por qué me castigaste sin que lo mereciera?- le preguntó.

-Cuando percibí­ tu inteligencia, supe inmediatamente que un dí­a heredarí­as el trono de tu padre- respondió el maestro, -y quise mostrarte cómo la injusticia puede marcar a un hombre para el resto de su vida. Espero que tú nunca castigues a nadie sin motivo”.