Edición nº 200 – Promiscuidad animal

Recientemente, leí­ un polémico, pero interesante artí­cuo en el periódico estadounidense New York Times (25/03/2008). Escrito por Natalie Angier, el texto se basa en investigaciones de reputados biólogos y psicólogos sobre la monogamia. Y se llega a una asombrosa conclusión: la infidelidad conyugal está presente en todo el reino animal.

Y no sólo eso: los estudios muestran que hay determinadas especies que “pagan” por sexo, mientras que otras recompensan a sus “amantes” con regalos y cariño. Y por si fuera poco, los celos y el machismo también están presentes: las hembras son violentamente atacadas si copulan con otro.

Desde luego, no somos animales, pero las semejanzas mencionadas son muy reveladoras. Merece la pena transcribir algunas partes especialmente interesantes del artí­culo en cuestión:

1] Hay multitud de especies educadas desde la más tierna infancia para casarse con alguien escogido por la familia. Vuelan y juegan juntos, cantan, bailan. Es decir, se les educa para impresionar a la comunidad, probando que nacieron el uno para el otro.

2] Sin embargo, la monogamia social raramente viene acompañada de la monogamia sexual. Exámenes de DNA de monos, pájaros, y otros animales en libertad, al examinar su descendencia a la luz de la ciencia moderna, se aprecia que del 10 al 70% de los descendientes fueron engendrados por algún otro que no era el macho residente.

3] El profesor David Barash, de la Universidad de Washington en Seattle, declara: “En el mundo infantil, la infancia. En el mundo adulto, el adulterio”. Durante mucho tiempo se creyó que los cisnes eran un modelo de fidelidad. Pero mediante dichos exámenes de DNA, se concluyó que ni siquiera los cisnes son inmunes a la tentación.

4] La única especie completamente monogámica es una ameba, la Dilozoon Paradoxum, que se aloja en los organismos de ciertos peces. Barash lo explica así­: “El macho y la hemabra se encuentran cuando aún son jóvenes, y sus cuerpos literalmente se funden en uno solo. Desde ese momento, pasan a ser fieles hasta que la muerte los separe”. En este caso, la muerte coincide con la del pez que los abriga.

5] “La profesión más vieja del mundo”, tal y como se conoce a la prostitución, también se manifiesta en el reino animal. Es habitual encontrar machos de roedores, orugas e insectos que invitan a sus hembras al apareamiento ofreciendo regalos. Pero cuando el mismo macho decide tener una, digamos, relación extracurricular, la amante recibe regalos mayores que los de la compañera.

6] La ley de la competencia también se da en el mundo animal: si existe mucha oferta, el precio es bajo. Sin embargo, cuando las hembras escasean, se transforman en un objeto de deseo que requiere las mejores y más sofisticadas recompensas.

Quisiera dejar claro que he traí­do a esta columna los resultados de investigaciones relizadas por cientí­ficos y psicólogos especializados en estudiar el reino animal. Todos nosotros podemos – y debemos – tener nuestra propia opinión sobre el asunto de la monogamia. Podemos decir, por ejemplo, que nosotros somos una especie más evolucionada, lo cual es absolutamente cierto. Lo único que no podemos hacer es culpar a la ciencia por arrojar resultados que muchas veces van contra nuestra manera de pensar.