Paulo Coelho

Stories & Reflections

1 MIN lectura: Preguntas sin respuesta

Author: Paulo Coelho

Al subir por un sendero en los Pirineos en busca de un lugar donde poder practicar con el arco y las flechas, me encontré con un pequeño campamento del ejército francés. Los soldados me miraron, yo fingí­ que no estaba viendo nada (todos nosotros tenemos un poco esta paranoia de ser considerados espí­as…) y seguí­ adelante.En ese momento vi aproximarse un vehí­culo blindado. Salta del vehí­culo un coronel, pregunta si soy el escritor, y venciendo su timidez casi visible, dice que también escribió un libro
Me cuenta la curiosa génesis de su trabajo.
Él y su mujer hací­an donaciones para una niña leprosa, que originariamente viví­a en la India pero que después fue trasladada a Francia. Un buen dí­a, curiosos por conocer a la niña, fueron hasta el convento donde las monjas se encargaban de cuidarla. Una hermana le pidió que ayudase en la educación espiritual del grupo de niñas que allí­ viví­a. Jean Paul Sétau – que era el nombre del militar – le respondió que no tení­a ninguna experiencia en clases de catecismo, pero que meditarí­a y preguntarí­a a Dios qué debí­a hacer.
Aquella noche, después de sus oraciones, escuchó la respuesta: “en vez de dar respuestas, procura saber qué es lo que las niñas quieren preguntar”.
A partir de ahí­, Sétau tuvo la idea de visitar varias escuelas y pedir que los alumnos escriberan todo lo que les gustarí­a saber respecto a la vida.
A continuación, algunas de las preguntas:

¿Dónde vamos después de la muerte?
¿Por qué tenemos miedo de los extranjeros?
¿Existen marcianos y extraterrestres?
¿Por qué suceden accidentes incluso a la gente que cree en Dios?
¿Qué significa Dios?
¿Por qué nacemos, si morimos al final?
¿Quién inventó la guerra y la felicidad?
¿El Señor también escucha a los que no creen en el mismo Dios (católico)?
¿Por qué existen pobres y enfermos?
¿Por qué Dios creó mosquitos y moscas?
¿Por qué el ángel de la guarda no está cerca cuando estamos tristes?
¿Por qué amamos a ciertas personas y detestamos a otras?
¿Si Dios está en el cielo, y mi madre también porque murió, cómo es que Él puede estar vivo?

Ojalá algunos profesores o padres, leyendo este relato, se sientan estimulados a hacer lo mismo. Así­, en vez de intentar imponer nuestra comprensión adulta del universo, terminaremos por recordar algunas de nuestras preguntas de la infancia, que en verdad jamás fueron respondidas.

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