El discí­pulo borracho


Illustration by Ken Crane

Un maestro zen tení­a centenas de discí­pulos. Todos rezaban cuando habí­a que hacerlo, excepto uno, que se pasaba el dí­a borracho.

El maestro fue envejeciendo. Algunos de los discí­pulos más virtuosos comenzaron a discutir quién serí­a el nuevo lí­der del grupo, quién acogerí­a los importantes secretos de la Tradición.

En la ví­spera de su muerte, sin embargo, el maestro llamó al discí­pulo borracho y le transmitió a él los secretos ocultos.

Un auténtico sentimiento de rebelión se apoderó de todos los demás.

-¡Qué vergüenza! – gritaban por las calles -. Todo este tiempo nos sacrificamos por un maestro equivocado, que no sabe valorar nuestras cualidades.

Escuchando la algarabí­a que habí­a fuera, el maestro agonizante comentó:

-Yo necesitaba transmitir estos secretos a un hombre que conociese bien. Todos mis alumnos eran muy virtuosos, y sólo mostraban sus cualidades. Eso es peligroso, pues la virtud en muchas ocasiones sirve para esconder la vanidad, el orgullo, o la intolerancia.

Por eso elegí­ al único discí­pulo que conocí­a realmente bien, puesto que podí­a ver su debilidad: la bebida.