Otro reflejo, otra historia


Illustration by Ken Crane

Caí­n y Abel se detuvieron a la orilla del inmenso lago. Jamás habí­an visto nada semejante.

“Allí­ dentro hay alguien”, dijo Abel, contemplando el agua, sin saber que veí­a su propio reflejo.

Caí­n comprobó lo mismo, y levantó su bastón. La imagen hizo lo mismo. Caí­n se quedó esperando el golpe, su imagen también.

Abel contemplaba la superficie del agua. Sonrió, y la imagen sonrió. Dio una buena carcajada, y vio que el otro lo imitaba.

Cuando salieron de allí­, Caí­n pensaba:
“¡Qué agresivos son los seres que viven en aquel lugar!”

Y Abel reflexionaba:
“Quiero volver allí­, porque encontré a alguien de rostro agradable y con buen humor”.